Demasiado preocupados, demasiado desagradecidos. Transitando sin saber el camino, buscando pretenciosamente afirmarnos en nuestra esencia utilizando nuestra conciencia. ¿Existen tales cosas? Bueno, anduvieron algunos indagando por ahí. Yo también estuve husmeando. Nunca me gustaron las soluciones anticipadas ni las respuestas de antemano. Siempre me incomodaron tantas admoniciones, tantos espectros y aparecidos, de los amables y de los otros. Pero, qué tal si intentamos con algo que se sustente en la razón, en la sensibilidad, en la alegría del hacer. No sólo para uno mismo, también para el otro. Y hacer el esfuerzo de sentirse bien con eso. Aunque suene como a poco, aunque parezca finalmente como desamparo. Y tener que arreglárselas solito con todo. Quizá nos sentiremos aliviados de ya no contar con la seguridad de la trascendencia. ¿Entonces, deberemos creer más en nosotros, en nuestras fuerzas? Parece que hace rato de eso se trata. Precisaremos de la confianza que nos prepare para hacer cosas grandes, aunque terminen pareciendo pequeñas. ¿Y si son mayúsculas las dificultades y problemáticos los desafíos? Más firmes e ineludibles deberán ser los esfuerzos puestos en lo que hagamos o enfrentemos. Cómo, se preguntarán unos pocos interesados. Apropiándonos con total legitimidad de ese espíritu fácilmente disponible, que cada tanto aparece en algunos gestos y actitudes de aquellos que nos hacen quedar bien como raza humana. Que afortunadamente por acumulación terminan siendo cotidiana abundancia, a pesar de la mezquina memoria. ¡Por favor! No se desperdicia la paciencia de alguien que desde algún lugar, ayer o ahora, nos escucha y nos da una ayudita en ese sentido.
Probemos: sin reproches, sin lamentos, sin maltrato en el día tras día. Tal vez con eso alcance. Ojalá con eso sobre. Arranquemos. Seguro no hará falta más.
