Cuentos de tranco corto

LOS HERMANOS SEAN UNIDOS

El Martín se había burlado del Capitán. Se había atrevido a desafiarlo cuando dio una orden para que la cumplieran todos los chicos del vecindario. Y eso no se hace. Por lo menos, nunca nadie se atrevió a hacerlo. Ahora, el pobre se las vería con nosotros.

Nos juntamos ese día en la esquina que era nuestra, donde no se animaba ninguno a pasar. Y nos fuimos así como marchando a buscarlo al retobado ese. Lo encontramos atravesando la canchita solo, caminando con las manos en los bolsillos. Ni la gomera llevaba. Ni se imaginaba lo que le pasaría. Le cerramos la salida por una de las calles y el resto se le fue al humo caminando ligerito. Cuando nos vio, se detuvo y se nos paró de frente. No tenía ninguna chance solo, ni corriendo ni enfrentándonos.

Por eso, casi sin pensar, imitando al Martín, agarré unas buenas piedras con una mano y con la otra un enorme y firme palo y caminando de espaldas me le fui poniendo al lado. ¿Tadeo, qué hacés…?, me dijo sorprendido el Capitán. No voy a dejar que se aprovechen así de un indefenso, le grité como nunca. Mientras me agachaba para esquivar los primeros cascotazos, pude ver que detrás del arco roto había un lugarcito por donde escapar y nunca más volver.

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar