PROHIBIDO FIJAR CARTELES
Un buen día las paredes se cansaron de que las pintaran, de que las enchastraran, de que las grafitearan, de que las afichearan, de que las proselitearan. Entonces comenzaron a cambiar frases y colores, provocando la confusión de políticos, vecinos, hinchas de fútbol, dueños de hipermercados, funcionarios municipales y enamorados.
Sin embargo, en uno de los más viejos muros podía leerse: “Analía, Roberto sí piensa en vos”.
