ANTIGUA AMENAZA
El Viejo de la Bolsa, cuando yo era niño, cargaba una enorme de arpillera en donde metía a los que encontraba en la siesta y se habían escapado para hacer travesuras. Dejaba congelado a quienes lo miraban a los ojos; tenía brazos muy largos y enormes manos. Ahora, esto ya no asusta a nadie. Cuando intento salir de casa y escapar un poco de mi mujer, ésta aprovecha y me encarga las compras. Esas que siempre se acuerda de hacer a último momento. Y los chicos me traen el recuerdo: “Mirá qué miedo, cómo arrastra los pies el viejo de la bolsa…”.
