HOY YA NADIE ESCUCHA
La casa es vieja y está apartada del pueblo. Golpean la puerta. Él la ha visto y la ha reconocido. Ella vuelve a golpear. Él sigue sin atender. Ella insiste. En ese lugar, los antiguos aseguran que si uno no abre o contesta, pasa de largo. “Me voy —dice La Que No Perdona—, vuelvo después. Por aquí cerca hay otro. Ese creo que no es sordo”.
