EL QUE HEREDÓ DE SU MADRE
Esta vez ha tomado un poco de más, y se lo hago notar. Para no sentir tanto los golpes, me ha contestado murmurando. El balanceo y el embotamiento no le impiden pensar, ya que al pucho me propone: “Y si salimos a chupar otro día que no sea el sábado por la noche”. Lo miro casi con ternura mientras termina la idea: “Es que mi mujer se levanta religiosamente muy temprano todos los domingos… Para hacer pastas, sabés…”.
