Casi vendimia

Esta tarde de febrero
ha decidido demorarse
acariciando mi patio.
El horno olvidado
me trae caprichosamente
el sabor húmedo de un lejano pan.
(Sentada aquí mismo, Madre confiaba
sin dudar que no faltara).
Prepotente, una brisa zamarrea
algunas hojas del parral
y va empujando esta tibieza.
(Sentado aquí mismo, Padre leía
los eternos desórdenes del mundo).
Con puntualidad, han llamado a la puerta.
Mis ojos se abren
y los racimos vigorosos
me imponen su morado.
Mientras levanto la copa
y consigo un generoso trago,
me voy animando
a la chispa del saludo nuevo.

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar