Reclamo urgente

Veo hoy treinta chicos fijando sus vistas en las figuras que se van armando en las pantallas de las computadoras personalizadas que acaba de instalar el maestro.
Mientras, a través del enorme ventanal la indiferencia hace más enorme la iridiscencia con la que explota la mañana.
Tres decenas de alumnos asombrados ante las imágenes que siguen tomando forma en los monitores de las PC holográficas. Completamente ajenos a cómo funcionan esos aparatos apoyados en los escritorios. Seducidos por el nuevo juguete, por esa nueva forma de belleza que no se ha detenido a preguntar.
Detrás de los vidrios, sucesivamente las cortinas han ido amortiguando unos estruendosos lejanos trinos, unos penetrantes e irrepetibles aromas y el último golpe de arrebol de la tarde.
Sigo contemplando la treintena de niños que continúan absortos observando en los modernos ordenadores individuales inteligentes.
Hoy tampoco habrá oportunidad para que la atención privilegie la pedagogía que todo el día pasó de largo.

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