Mi historieta

P O E M A S

Esos fabulosos cuatro

Oí esos gritos sagrados y, más allá

de que no sabía bailar el twist,

no pude dejar de escuchar durante todo el anochecer

de un agitado día.

Tanto me dijeron perderás a esa chica

que finalmente la perdí,

y nadie vino hacia mí cuando pedí socorro.

Aprendí lo que el dinero no podía comprarme,

aprendí que todos tenían algo que ocultar,

aprendí que el sinuoso y largo camino era seguramente la vida,

pero que también podía ser una mágica y misteriosa gira

con la que siempre llega el sol.

Me convencieron de que todo lo que necesitaba era amor,

mientras a mi alrededor

me mentían una revolución.

Mi madre preguntaba por qué se llamaba

déjalo ser y yo le explicaba

que otra madre era la que murmurando

daba las respuestas.

Había un cielo con diamantes y un campo de frutillas

para ir a buscar,

mientras por aquí

una guitarra continuaba llorando

y me seguían mintiendo

ahora la revolución número nueve.

Cuando me oí decir y yo la amo,

recordé el consejo y le pedí

que no me dejara caer.

Canté con el sargento Pimienta

piensa por ti mismo,

porque mañana nunca se sabe,

y fui uno de sus corazones solitarios.

El viaje puede ser a través del universo

o en un submarino amarillo,

pero siempre se regresa,

aun si ya no quedan sueños dorados.

Aunque no había llegado a los sesenta y cuatro

siempre sospeché que sólo hace falta

para lo importante

que vengan todos juntos,

que aquí, allá y en todas partes,

con la ayudita de los amigos,

podemos solucionarlo.

Hoy me siento bien,

y porque nuestra existencia

es siempre un día en la vida,

estoy seguro de que no todo

será ayer.

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