EL FUTURO EN SUS MANITAS
Llegan corriendo y a los gritos. Entran antes de que sus padres llamen a mi puerta. Traen las risas y los colores. Sus caritas de nietos son el testimonio nuevo de aquellas caritas de mis hijos. Mis brazos todavía pueden abrirse ilusionados. Me seco las manos en el delantal e intento buscar rápidamente los programas de dibujitos. Pero esos celulares ya están dale que dale, mientras el televisor quedará ahí, encendido y abandonado.
