Al tema lo escuché miles de veces. Y creo no exagerar. La letra se me fue quedando grabada con las primeras audiciones, aunque cuando intentaba cantarla cambiara en más de una oportunidad el orden de los versos. Algunas veces, la tarareaba siguiendo la melodía; otras, ponía énfasis en esas palabras que encajaban con un determinado acorde de la guitarra rítmica, o en esa otra que lo hacía con el tempo justo del bajo. Por supuesto, llegó un día en que dejé de prestarle atención para ya no escucharlo más.
Por esas épocas, que coincidían con mi aprendizaje escolar, supe de los poetas simbolistas, los parnasianos, los malditos. De la generación beat me enteré en los cafés que se ponían bohemios de noche en la ciudad. No muchos se animaban a comparar las letras del rock, especialmente el llamado nacional, con escritos de mayor categoría. Con todo eso mezclado, no dudé en despegar de aquella canción el texto de los sonidos e incorporarlo a mi ansiosa e incompleta antología poética.
Permítaseme pues hoy este amable regreso.
LOS LIBROS DE LA BUENA MEMORIA
El vino entibia sueños al jadear
desde su boca de verdeado dulzor,
y entre los libros de la buena memoria
se queda oyendo como un ciego frente al mar.
Mi voz le llegará, mi boca también.
Tal vez le confiaré
que eras el vestigio del futuro.
Rojas y verdes luces del amor
prestidigitan bajo un halo de rouge.
¿Qué sombra extraña te ocultó de mi guiño
que nunca oíste la hojarasca crepitar?
Pues, yo te escribiré, yo te haré llorar.
Mi boca besará
toda la ternura de tu acuario.
Mas si la luna enrojeciera en sed
o las impalas recorrieran tu estante
¿no volverías a triunfar en tu alma?
Yo sé que harías largos viajes por llegar.
Parado, estoy aquí esperándote.
Todo se oscureció.
Ya no sé si el mar descansará.
¿Habrá crecido un tallo en el nogal?
¿La luz habrá tiznado gente sin fe?
Esta botella se ha vaciado tan bien
que ni los sueños se cobijan del rumor.
Licor, no vuelvas ya, deja de reír.
No es necesario más.
Ya se ven los tigres en la lluvia.
LUIS ALBERTO SPINETTA
