LA DIFICULTAD DE LOS COLORES
En el camino de regreso a casa, vi un arcoíris. Acababa de llover, las nubes se retiraban lentamente y el sol se apuraba en ocupar las pocas horas que le quedaban. Apenas llegué, olvidé de comentarlo. En medio de la intrascendente charla, alguien me pregunta si he visto lo que ha sucedido por la tarde. Digo que sí y sumo varios calificativos elogiosos, sólo separados por comas. Rápidamente, comienzan a increparme. ¡Cómo podía estar de acuerdo con esa barbaridad, con esa sarta de insensateces! Sorprendido, creo no haber sido claro y busco otras palabras, otras expresiones. Tal vez, he sonado muy pueril, muy inocente, muy ingenuo… ¡Sos un insensible! ¡Qué intolerante!, continúan espetándome.
Tardé en darme cuenta de que no estábamos refiriéndonos a lo mismo.
