Rescatando Letras

Se ha dicho muchas veces que el artista es un doliente. Alguien que tiene que sufrir, padecer, haber vivido cosas extraordinarias o pasado por situaciones límite para poder reflejar todo eso en su arte. Parece que de eso se trata. Y esto más allá de que en muchas ocasiones, a veces demasiadas e injustas, la vida de esos artistas haya sido un sufrimiento, tanto físico cuanto mental o existencial. Y más allá inclusive de que esos golpes de la vida hayan provocado no pocas obras maestras. Pero en realidad, hoy sabemos que el imaginario social, si es que existe tal cosa, ha exagerado aquello que puede ser definido con un simple sintagma: tener una particular sensibilidad.
Cuando acometí la lectura de la poeta convocada hoy por el recuerdo, lo hice con ese prejuicio, con esa valoración previa. A pesar de ello, conseguí atesorar unos buenos puñados de versos en donde puede apreciarse todo ese peregrinar y sus resultados artísticos.

POEMA 3
Voces, rumores, sombras, cantos de ahogados: no sé si son signos o una tortura. Alguien demora en el jardín el paso del tiempo. Y las criaturas del otoño abandonadas al silencio.
Yo estaba predestinada a nombrar las cosas con nombres esenciales. Yo ya no existo y lo sé; lo que no sé es qué vive en lugar mío. Pierdo la razón si hablo, pierdo los años si callo. Un viento violento arrasó con todo. Y no haber podido hablar por todos aquellos que olvidaron el canto.
ALEJANDRA PIZARNIK


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