Rescatando Letras

“Todo es vanidad y aflicción de espíritu”, dice un antiguo texto hebreo. Más cerca en el tiempo, poetas y filósofos han intentado confirmar la incómoda verdad de diversas maneras y con variados recursos. Cuando leí los versos que hoy aquí arrimo no pude más que estar de acuerdo con esa paciente tarea de inevitable cumplimiento a que nos obliga la frase. El título del poema hace referencia a un soberano, pero bien podría haberse llamado “Olvido”, ya que en definitiva es a lo que nos condena aquella sentencia. Volví a encontrarme con el nombre del rey algunos años después al leer la probablemente mejor novela gráfica editada, y muchos años más adelante, en el capítulo decisivo de una hoy famosa serie televisiva. En ambos casos, la alusión a la grandeza y a la caída sigue perenne.

OZYMANDIAS

Conocí a un viajero de una tierra antigua
que dijo: dos enormes piernas pétreas, sin su tronco
se yerguen en el desierto. A su lado, en la arena,
semihundido, yace un rostro hecho pedazos, cuyo ceño
y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,
cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones
las cuales aún sobreviven, grabadas en estos inertes objetos,
a las manos que las tallaron y al corazón que las alimentó.
Y en el pedestal se leen estas palabras:
«Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes,
¡contemplad mis obras, poderosos, y desesperad!».
Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia
de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas
se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas.

Percy Bysshe Shelley


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