No recuerdo dónde lo escuché por primera vez, pero me gustó eso de que si alguien cantaba o silbaba una de sus canciones podía sentirse tranquilo porque había cumplido. Escribía poemas, muchos de los cuales casi simultánea y paralelamente se convertían en temas folclóricos. Así, se hizo famoso por ser el letrista de muchas de las mejores composiciones de nuestra música nativa.
Estos versos que traigo hoy aquí son una muestra de su estilo, de su temática, de su compromiso como artista con un país “grande y desparejo”, pero en donde la carencia material “no le quitaba lugar al festejo”. Por eso, era “compadre de muchos” y practicaba “la ilusión del pan y el vino compartidos”.
ESPERA DEL PEDRO CHANGA
Lo soñaron jinete, carpintero,
capitán de las lluvias del verano;
de niño lo querían de oro nuevo,
minero del salar, sabio artesano.
Porque las madres juegan a la espiga,
húmedas sus canciones de milagro,
rodeando a sus niños de luciérnagas
en la tierna bandera del regazo.
No vale recordar lo adolescente,
lo que fue atravesar cañaverales
silvándose la luna que gemía
ceñida por la noche palpitante.
Fue a la Pampa en enero porque el trigo
había puesto de oro la distancia
y en marzo fue subiendo hasta las uvas
que el sol de Cuyo preña de tonadas;
después entró al maíz, Santa Fe arriba,
y desgranó sus dientes sin ganancia
cuando mayo tenía ya los ojos
amanecidos de violenta escarcha.
Julio lo vio trepar sobre los trenes
hacia el azúcar agrio de la zafra
y volverse algodón todo septiembre
con el Chaco colgado a las espaldas.
Caminos del jornal ha andado Pedro
por todos los caminos de la patria
para volver al fin ya sospechando
que hay algo en todo esto que no anda,
por más que él ponga el hombro
y que sus manos
le hayan quedado anchas como el mapa.
La desocupación junta a los hombres
en la aurora trizada de la calle,
los ordena de gris, los alinea
con una misma espina atravesada.
Cada uno está solo con los otros
buscándose cigarros y palabras
mientras se cuentan hijos y decesos
y pormenores de la mala pata.
Entonces se le ve la traza al Pedro
fumándose hasta el pucho la esperanza,
apoyado en los hombros del silencio
y buscando salidas a las ganas.
ARMANDO TEJADA GÓMEZ
