Las montañas se beben plácidamente
los agónicos fulgores de la tarde.
Invisibles pájaros entonan
sus mejores cánticos de despedida.
Junto a la sedienta acequia
una flor palidece.
Arriba, una estrella presurosa
navega perdida.
Alguien cerrará sus ventanas
y no dará las gracias.
