Enseñemos a cuidar

I.
Apenas empezamos las clases, la seño nos dijo que podíamos anotarnos en el nuevo proyecto que la directora había armado para este año. Es sobre ecología. Eso que tiene que ver con cuidar el planeta. Nos dijo que nosotros podemos ayudar para que no se siga ensuciando y así evitar que se enferme. Porque si le llega a agarrar alguna enfermedad, nos contagia a todos. Tiene que ver con eso del aire, del agua, de las plantas y de los animales, porque todos ellos forman parte de la vida en la Tierra.
Hace ya unas cuantas semanas que arrancamos. Primero había que escuchar unas charlas y explicaciones, después escribir todo en el cuaderno y finalmente anotarse. Porque se trataba de armar un equipo que iba a tener la responsabilidad de llevar adelante el proyecto, como dijo la señorita Marisa. Y eso no era poca cosa. Como la idea me pareció buena y esos que siempre sacan las mejores notas no estaban, me anoté. Terminamos quedando los que más ganas teníamos. Al que le interese, había dicho la seño Marisa. Además, según mi papá, esas cosas son las que nos van a preparar a nosotros los niños para cuando nos tengamos que hacer cargo de todas esas responsabilidades de los grandes.
Otra cosa que me gustó es que está pensado como un juego, más allá de que es en serio. Y según la seño hasta en una de esas, si se enteran los señores importantes, nos dan un premio y todo.
Ahora, somos los “Niños cuidadores del ambiente”. Nos encargamos de mantener limpios el patio y los pasillos para entrar a las aulas. Mi mamá cuando le conté me preguntó si nos hacían limpiar con escobas y lampazos. Yo le dije que no porque ese era el trabajo de Jorge y Elena, que son los celadores. Nosotros formamos una brigada, aunque ese nombre no quiso la señorita Marisa que fuera porque sonaba muy militar, que se encarga de recoger todos los papelitos, cajitas y bolsitas en donde vienen los caramelos, galletas, alfajores y demás cosas que nos dan en la casa o compramos para la merienda. Apenas suena el timbre que indica que el recreo se te terminó, los cinco del equipo titular, si es que no ha faltado alguno porque si no entra uno de los suplentes, tenemos la tarea de no dejar ni rastro sobre los pisos de baldosa. Lo que levantamos lo llevamos a unos canastos todos pintados de verde y con letras blancas que dicen los nombres del proyecto y del equipo de cuidadores. Ese nombre se lo pusimos nosotros luego de una votación y salvo el que más me gustaba y que no quedó, los otros no eran muy buenos.
Así, día tras día llenamos los enormes tachos con todo lo que nuestros compañeros tiran al piso mientras disfrutan de los descansos.
Con el correr de los días nos hemos convertido en expertos y hasta hacemos puntería con algunos envases que bien arrugados forman pelotitas con las que acertamos las más de las veces adentro. Cuando terminamos nuestra importante tarea nos vamos formaditos cada uno a su aula con la alegría de saber que estamos haciendo algo bueno. No tardamos mucho, porque si no te retan. Eso fue lo primero que nos dijo la seño Marisa. Lo segundo fue que nosotros teníamos que dar el ejemplo, o sea prohibido tirar nada al piso.
Como la cosa comenzó a llamar la atención, y gracias al apoyo de algunos comerciantes que son vecinos de la zona, conseguimos guantes y hasta chalecos de color verde clarito en donde la mamá de la Angelita nos cosió a todos un escudito con las iniciales del equipo de cuidadores.
La señora directora nos ha felicitado esta semana y nos ha dicho que cualquier día de estos vendría la supervisora a mirar en persona el funcionamiento del proyecto.

II.
Qué se habrán creído esos cuidadores. Hacerse los importantes porque recogen la basura del patio después de los recreos. Resultaron más forros y caretas que los que siempre se sacan diez y a los que la maestra los vive elogiando. Qué bien hacen esto, qué bueno aquello, ojalá sigan así, no como otros, refiriéndose a nosotros por supuesto. Y nosotros lo único que queremos es que no nos den tanta tarea y nos dejen jugar a la pelota. Pero resulta que no se puede, una porque hace una bocha de tiempo que no tenemos profe de educación física y otra cuando nos toca esa hora nos la pasamos repasando las cuentas y los verbos.
Pero ahora van a ver. Les tenemos preparada una a esos cuidadores. Querían llamarse brigada, como si fueran milicos, y a pesar de que usan como un uniforme no tienen ni pinta. Nosotros en cambio sí estamos armando un grupo tipo comando, y los vamos a agarrar a esos. Como la idea fue mía, me eligieron jefe y busqué entre los más piolas y ya tenemos cinco voluntarios que están dispuestos a llevar la misión adelante. Le hemos puesto nombre y todo. Ya van a ver.

III.
Las primeras bombitas con agua y tinta impactaron de lleno en el grupo de los cuidadores. Los comandos, aprovechando la sorpresa -que había sido cuidadosamente evaluada como el más importante elemento a favor- consiguieron hacer puntería. Las restantes se estrellaron contra las paredes, las columnas que las interrumpían y alguno que otro compañero ajeno al conflicto y que recibía el proyectil producto de las esquivadas de los atacados. Los atacantes, una vez terminado de arrojar su arsenal, corrieron con las cajas vacías a esconderse en la sala de música, a la que nadie entra hace un montón, justo cuando sonaba el timbre avisando que el recreo se había ido.

IV.
Un problema de disciplina tienen aquí, había dicho la supervisora, que cayó justo el día en que estaba el personal docente enfrentando el caso de la batalla de los que limpian y de los que ensucian. La directora le había avisado que quería mostrarle el resultado del proyecto de ambiente y les había comunicado a los chicos de la inminente visita. Ese día por lo tanto unos y otros se habían esmerado.
Parados en una de las galerías que da a la entrada de las aulas, y cuando ya se había ido el último recreo, los cuidadores totalmente manchados habían abandonado la idea de que los felicitarían. En una de esas nos dan un premio, había dicho ilusionado uno de ellos antes del ataque.
Los comandos, con las huellas en los dedos que los delataban, no habían podido deshacerse de los dos recipientes de cartón que contenían los proyectiles. Del otro lado de la ventana, la que da al patio viejo, no pudieron encontrar al que tenía que hacer el trabajo de hacerlos desaparecer. De cualquier manera, el “plan de enchastre” había funcionado.

V.
Las dos se han quedado ahí paradas, la supervisora y la directora. Charlan con el señor nuevo que ha empezado a atender el quiosco donde los chicos compran la merienda.
—Ah, él es Carlos Vargas, el joven que hace unos días se ha hecho cargo del buffet. Fue alumno de esta escuela –dijo la señora directora.
—Mucho gusto. Soy la supervisora. Justo hoy se juntó todo. De cualquier manera y más allá del problema de disciplina, habrá visto el trabajo de estos chicos que mantienen limpio el patio y adquieren así conciencia ambiental.
—Ah, sí… Se ve muy bueno…

VI.
—¿Cómo te fue hoy con la atención en el quiosco, cariño?
—Bien. Aunque hay algo que no entendí. Han armado un programa de ecología, pero me parece que le están enseñando a los pendejos que pueden ensuciar sin ningún cuidado, porque total tienen cinco compañeros que recogen la basura. En fin, ellos son los que saben…

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