Mapa incorrecto para perderse sin preocuparse

Había que cumplir, siempre.
Era casi obligatorio festejar
cuando se escuchaban campanadas,
aunque no fueran para nosotros
esos tañidos.
Debe de ser algo bueno,
nos decían aquellos en quienes confiábamos.
Los mismos que nos aconsejaron amablemente
en eso de ser buena
o no ser mala persona…
Otros, luego, insistirían con lo mismo,
pero no tan amigablemente.
Más veces de lo necesario,
nos fue difícil encontrar lo de la lucidez y la conciencia.
Tanto como entender de un solo golpe
las cosas realmente importantes
como poner incómodos a fóbicos y fanáticos.
Hijos del rigor somos, se decía.
¿Y entonces, qué hacemos?
me preguntaba ya de niño,
cuando todo esto no me había agregado
más dudas e interrogantes,
pero intuía que algo no andaría tan bien
y sospechaba que sólo habría que obedecer.
Ahora, sé que a pesar de aquella misma insistencia,
sólo nos queda atesorar
un hato de realidades subjetivas:
afortunadamente siempre habrá
unos errantes primeros pasos,
alguna inolvidable sonrisa
y una final luz todavía prometida.

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