Criptopoema para desendeudarse

Para que no haya más remedio
que atesorar eso que se va con el viento.
Que el interés de vez en cuando
persiga alguna otra ilusión
y que todo lo que invierta el corazón no se desvalorice
por culpa de los necesarios vaivenes de mi historia.

Que el ahorro pueda ser un ejemplo;
acumular un gran capital, el motivo
del mejor regalo;
y el esfuerzo, un camino sin pérdidas.

Asegurar el futuro no debería
estar financiado en cuotas,
ni el remanido derrame
ser solo un devengado accidente.

Que cualquier derroche de espíritu no se pague
más caro que una falta o un pecado.
Que un superávit de entusiasmo
nos capitalice más allá de cualquier frontera,
que el optimismo no sea un riesgo y vuelva a cotizar
con altas tasas positivas.

Y que el amor -tan ingenuo, descuidado y caprichoso-,
sin especulaciones
sea el garante de última instancia
de operaciones a largo plazo.

De a ratos, lo que temo por inestable y volátil
es caer en la ambición que nos lleve a deber,
apoyados en la comodidad que nos navega los días.
Así, para cuando cierre el balance,
que en el haber no queden sólo sobrantes
empeños de antaño
ni amortizadas promesas de porvenir.

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