Cuentos de tranco corto

PALABRA SE APAGA

No pudo interesar a nadie. Por más entrevistas que le hicieron. Por más que la transformaron por unos días en noticia. Desde un principio supo que el motivo de la atención era sólo su prolongada edad. Más de cien. Pero más allá de eso, no apareció después nadie que mostrara interés. En estos días, no hay tiempo para estas cosas, se dijo para sí como justificación.
El joven de impecable guardapolvo blanco le pregunta cuántos años tiene, mientras llena una planilla. Ella duda si contestar en su idioma. Ahora sabe que los recorridos de la luna que le quedan son escasos. Esos con los que siempre contó el paso de las jornadas y que marcaban las tareas importantes. Inmediatamente la invade la necesidad de encontrar alguna frase que pueda expresar lo que está sintiendo, que pueda reflejar con solemnidad la despedida que se avecina. Algunas palabras tal vez dichas por su madre o su abuelo, de quien recuerda su tarea de guía y consejero. Pero no halla ninguna. La debilidad es mayor que ese dolor persistente. Es la última hablante de su lengua y se terminará yendo en silencio.


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