PARA OTOÑO
Este marzo ha empezado a despedirse
con el silbo de un leve viento.
Un equinoccio somnoliento jugueteará
con las hojas que, como profetizó Jacques,
caerán y caerán,
una tras otra.
El frío va reclamando sin apuros su viejo lugar,
mientras cruje mi corazón y se vuelve amarillo.
¿Podrá salvarse en esta lenta tarde
mi alma sorprendida sin abrigo
con solo el amparo de este oro sin valor?
Ojalá esta caprichosa brisa
confunda mis dudas
con esas hojas sin rumbo,
ojalá vengan al rescate
tu sonrisa primera
y la tibieza de tu mirar.
