Viejo satélite

Una noche sin recuerdo,
ella comenzó a girar.
Cuando pudieron,
unos ojos erguidos sobre sus pies
se redondearon de curiosidad y temor.
Por esas cuatro
enigmáticas máscaras,
fue adorada y demandada.
Usada como medida de luces y sombras,
cultivos, pariciones, festejos
y hasta sacrificios.
Se entretuvo moviendo mareas,
inclinando pasiones,
definiendo amores y desilusiones,
transformando aullidos también.
Ya más cerca, trajo medidas otra vez,
distancias nuevas, viajes fabulosos
y pasos importantes.
Siempre ocultándonos la misma cara.

Quién iba a pensar que, luego de todo ese periplo,
vinieras a terminar aquí esta noche
junto a este cerro que te refleja para mí.


Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar