Moralejas para Marito

Vuelve de jugar a la pelota. Allá en la canchita de la vuelta del barrio, en donde está parejito y hay arcos de palos de madera y todo. Y ganaron. Por penales, pero ganaron. Y gracias a él. Porque como es gordito, siempre va al arco. Y como se hacía tarde e iban empatando –aunque no se acordaban en cuánto-, para definir un ganador decidieron aplicar la justicia de los tiros desde los doce pasos. Y ahí apareció él, el atajapenales, el dueño de la pelota. Que por otra parte es cierto, porque la pelota es suya, y casi siempre los partidos terminan cuando él se aburre de que le hagan goles o se cansa de ir a buscarla cada vez que los delanteros patachueca la tiran afuera.
Ahora está volviendo a casa, donde deberá bañarse y ya no podrá salir. Y está atravesando ese parquecito tan verde y tranquilo que decide postergar un rato el regreso y se detiene a descansar. Sí, porque fueron varios los penales que tuvo que atajar. Estaba tratando de recordar cuántos, cuando vio un hormiguero. Uno enorme, con miles de miles de grandes hormigas que iban y volvían apresuradamente. Inmediatamente imagina que es un amenazante ejército que está dispuesto a atacar. Y entonces, vuelve a aparecer el héroe y la emprende a pelotazos y luego a pisotones no tan decorosos como entusiastas contra las prolijas hileras, ya convencido de que es un general al que le han encargado la tremenda tarea bélica. Rápidamente consigue una nueva victoria y como está otra vez cansado, se recuesta en un ancho y cómodo árbol que prácticamente lo invita al reposo. Y se queda dormido. Un buen rato más tarde, se despierta asustado sintiendo pinchazos por todo su cuerpo. Las hormigas lo han invadido y están vengándose del artero ataque. Con muy poco de héroe, se levanta como puede y a los gritos y sacudiéndose sale a la carrera olvidando su pelota.
Nunca hay que dormirse en los laureles; no hay que despreciar enemigos pequeños, recordaba Mario que alguna vez le había comentado su abuela en sendos cuentos leídos, mientras seguía corriendo. Tal vez aprendería alguna de las dos lecciones.


Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar