No te vuelvas adicto al pasado,
me dijeron venerables sabedores de antaño.
¿Tengo entonces que olvidarme
de lo que he recorrido?
Está bien, lo reconozco,
no recuerdo todo lo que he ido dejando atrás,
y de aquello que la memoria
me concede rescatar,
ya no estoy tan seguro
de que sea lo que realmente pasó.
¿Realmente?
Hoy carezco de palabras
contra ese cuestionamiento.
A pesar de todo,
hago seguido esos viajes,
visitando tristezas y satisfacciones.
Pero siempre vuelvo,
esquivando por supuesto
las trampas del arrepentimiento.
Tal vez no sea tan malo
y quizá sea necesario
ir cada tanto reversionando aquellas cosas
que por algo nos sucedieron.
