Se va yendo lo soñado
en el intento.
El mejor anhelo movió
tantas noches nuestro esfuerzo
para que a la mañana cansados
estuviéramos un pasito más cerca.
Y el vacío siguió ahí.
Un día cualquiera
encontrarse retrocediendo:
fue el tiempo
de recuperar las ganas.
Mientras, el vacío nos vigilaba
desde el mismo lugar.
Una jornada,
(tal vez/seguramente)
adueñada por la sorpresa
y la ansiedad,
alcanzar lo previsto.
Y saber que merecidamente el festejo
será grande y generoso.
Afortunado si el vacío es casi el mismo
que sentiste cuando empezaste.
Otro necesario y pretencioso vacío.
