Atrevida palabra
que se desplaza junto con otras
intentando completar una elipse,
y las más de las veces termina
borroneando una parábola.
Curva liviana que alguien en algún momento
tendrá que completar
o que otro intentará cerrar.
Con la fuerza de una estrella
o la convicción de un cometa
o como un perdido y minúsculo
cuerpo errante en el éter,
que busca, pero sabe su rumbo…
Arropando imágenes oscuras o sugestivas
y ocultas premoniciones.
Indagando resplandores
y olvidados sonidos y aromas.
Indómita vitalidad, amigables voces…
Atropellando con toda esa carga,
para luego desempolvarse y gritar:
¡Salgamos pues de la cueva!
Así, la itinerante poesía,
nutrida por ese particular
instinto y una inexplicable seguridad
impacta en el descuido
del que escribe sin saber
cuál será el puerto, quién el corazón
que recibirá una estrella, un cometa
o una forma que, en su fatal fugacidad,
se precipite al indiferente abismo
consiguiendo un brillante final.
