Cree la gente que el poeta
revuelve un montón de letras,
ordenando un desorden,
y consigue rescatar sonidos,
mostrar bellezas,
ocultar fealdades,
buscar verdades,
desenmascarar mentiras…
Cuando en realidad
lo que intenta hallar
es un poco de luz
o nuevos misterios.
Cree la gente que el poeta
está obligado a contar épicas historias.
Cuando en realidad
debe desmantelar
toda presunción de certeza,
para que el poema
sea diferente de todo el mundo
que lo rodea.
Más allá de que ese naciente verso
aparezca enmascarado en lo cotidiano
o que simule haber atrapado
eso que casi siempre
se le termina escapando.
