Rescatando Letras

Apenas lo vi, quedé obligado a leerlo. Fue en una sala de espera de una óptica. Hasta allí había ido a probarme los primeros adminículos que corregirían mi visión: unos modernos lentes de contacto blandos. La única decoración de ese lugar era un afiche pegado a un panel colgado finalmente de la pared. Podía verse ahí un básico paisaje formado por un horizonte disparejo por donde asomaba un tímido sol. Todo en tonos muy leves: imperaban el amarillo, el naranja claro y un rojo apagado y lo necesariamente intenso. Sobre esa escueta pintura, estaba el poema. En una fuerte letra de palo seco. Lo leí una vez y me pareció “bonito”. Como seguía esperando mi turno, volví a leerlo. Y una y otra vez. Tantas que lo terminé memorizando. Aquel día salí viendo mucho mejor y con un suvenir para el espíritu.
Un gran poeta dijo una vez refiriéndose a un famoso poema que era un texto “pedestre y santurrón”. Salvando las distancias creo que este es el caso. Pero por alguna aún más oculta razón que la evidente, seguí conservándolo todos estos años. Todavía lo tengo escrito con mi primera Olivetti portátil en un papel más amarillo que el fondo de aquel lejano afiche.
Aquí tenéis pues, lectores, un escrito recordado con benevolencia y que habla de las cosas en las que algunos necesitan creer.

Yo creo que por cada gota de lluvia que cae
crece una flor.
Yo creo que en algún lugar de la noche más oscura
una vela titila.
Yo creo que por cada uno que yerra el sendero
alguien vendrá para indicárselo.
Yo creo que a través de la tormenta
la más pequeña plegaria aún podrá oírse.
Yo creo que alguien en el gran infinito
escucha todas las palabras.
Cada vez que oigo el llanto de un recién nacido
o toco una hoja
o veo el cielo,
entonces sé por qué
yo creo.

E. DRAKE


Rescatando Letras

Alguien afirmó por ahí que no existen los buenos poetas, sólo los buenos poemas, cuestión que comparto bastante y que tal vez pueda hacerse extensiva a otros géneros artísticos. Como también dijo ese alguien, creo ser antes que escritor un buen lector. Esta arbitraria sentencia servirá para ir rescatando en este espacio variadas obras literarias que fueron atrapando mi curiosidad, mi admiración y mi respeto a lo largo de demasiados años. Esos que afortunadamente continúan todavía haciendo su trabajo. Y los fui guardando por alguna buena razón, que después de tanta agua bajo el puente sigue conservando su vigencia. Espero que los lectores puedan, gracias a su generosa complicidad y más allá de mis caprichosas justificaciones, compartir el mero gozo estético.
No recuerdo cuándo ni dónde lo leí por primera vez. Sospecho algo, pero no quiero perderme en los vericuetos en que ya hace tiempo ha empezado a enredarme la memoria. Sólo sé que en aquella oportunidad la impresión fue instantánea. A pesar de haber leído y escuchado posteriormente numerosas versiones, en su idioma original y en traducciones más o menos logradas, ese texto perdura aún con su luminoso primer momento medio siglo después. Más allá inclusive de que hoy lo considere sólo un encomiable intento por atrapar la inasible volatilidad de la existencia.
Diré que el título está en latín y significa algo así como la suma de los deseos, o lo que debe desearse.

DESIDERATA
Vive plácidamente entre la premura y el bullicio, y ten presente la paz que puedas hallar en el silencio. Hasta donde te sea posible hacerlo sin capitular, vive en buenas relaciones con todos. Expresa serena y claramente lo que tengas por verdad, y presta oído a los demás, incluso a los necios y a los ignorantes, que también ellos tienen algo que decir.
Evita el trato con las personas ostentosas e imperativas, que conturban el espíritu. Si das en compararte con los demás, podrías amargarte o envanecerte, pues siempre encontrarás personas que valen más que tú, así como otras que son menos. Disfruta de tus logros como de tus proyectos.
Que el interés por tu carrera, aunque sea muy humilde, se mantenga vivo; en los vaivenes que el tiempo obra en la fortuna, tu carrera es un verdadero tesoro. Procede con cautela en los negocios, pues en el mundo abunda el engaño; pero que ello no te ciegue a sus virtudes. Muchos son los que persiguen nobles ideales, y en todas partes la vida es rica en hechos heroicos.
Muéstrate tal como eres. Sobre todo, no finjas el afecto que no sientas. Tampoco mires el amor con cinismo, pues contra toda manifestación de aridez y desencanto, el amor posee la perennidad de la hierba.
Atiende gustosamente a lo que te dice el paso de los años y renuncia con gracia a los goces propios de la juventud. Cultiva un ánimo esforzado que te escude contra la adversidad, por repentina que sea. Pero no perturbes tu espíritu con fantasías. Abundan los temores hijos de la soledad y la fatiga. Acompaña la saludable disciplina con la dulzura para contigo mismo.
Al igual que los árboles y las estrellas, tú también eres una de las criaturas del Universo, tienes derecho a estar aquí. Y aunque no te lo parezca, es indudable que el Universo se desarrolla como ha de hacerlo.
Por tanto, vive en paz con Dios, sea cualquiera la forma como lo concibas; y cualesquiera que sean tus tareas y tus aspiraciones, consérvate en paz con tu alma en la turbulenta confusión de la existencia.
El mundo, a pesar de todas sus simulaciones, de su tráfago y sus sueños frustrados, es hermoso. Sé prudente. Esfuérzate en ser dichoso.
MAX EHRMANN (1872-1945)

Cuentos de tranco corto

DOBLE ASESINO

Se llama Nicotiana tabacum. Durante su vida soporta el ataque de una bacteria que parasita sus hojas destruyéndolas. Cada vez que esto ocurre, disuelve las propias células afectadas, las cuales comienzan a secretar unos jugos ácidos y tóxicos, consiguiendo así eliminar a los atrevidos microbios. Sana ya la planta de tabaco estará lista para convertirse en cigarrillos. Estará lista para seguir matando.


Cuentos de tranco corto

Nueva apropiación de un oficio

Aunque no lo ha decidido, se encuentra alejado de la realidad. Esto le ha permitido irse acercando más a ella. Probablemente, desempeña alguna tarea monótona detrás de un escritorio. Quizás, esté al frente de una clase llena de escasos jóvenes entusiastas. Tal vez, organiza carpetas que ya nadie recuerda haber archivado en esa computadora. Está también lejos de las mayorías: su compromiso es conocido y valorado por muy pocos. Continúa pues, convertido en todo un poeta.


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