Rescatando Letras

Aprendimos, en lejanas jornadas escolares, que la literatura no permite las repeticiones. Salvo que se usen algunas de las licencias poéticas, en donde eso está admitido, no es de buenos autores utilizar las mismas palabras para decir lo mismo. Porque eso habla de pobreza de recursos, de escasez de vocabulario.
El caso que aquí os traigo es uno de los buenos ejemplos de lo contrario. Se trata de un poema y fue rescatado para mí primero por la música. Del álbum escuchado hasta el hartazgo de un conocido y eterno juglar. Ni el soneto ni el autor del mismo habían sido invitados a darse una vueltita por el colegio. El poeta ni siquiera figuraba en el bendito Manual de Literatura Hispanoamericana.

Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y de cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!

MIGUEL HERNÁNDEZ


Rescatando Letras

El poema estaba en el Manual de Literatura Hispanoamericana. A principios de aquel año, mientras hojeaba curioso el ejemplar en la biblioteca del colegio, me había parecido una pequeña joya. Uno de esos escritos que dicen mucho con escasas y precisas palabras. Con el correr de las semanas, fui esperando seguro. Pero al autor sólo se lo mencionó como representante de una variada generación de escritores que renovaron la forma de la poesía a principios del siglo pasado. Por supuesto, al texto no lo leímos ni mucho menos comentamos.
Casi por capricho o tal vez como una muestra de rebeldía, decidí aprenderlo de memoria. Y tan sólo con ese soporte, lo traigo hoy hasta aquí.

FE MÍA

No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.

PEDRO SALINAS


Rescatando Letras

Al tema lo escuché miles de veces. Y creo no exagerar. La letra se me fue quedando grabada con las primeras audiciones, aunque cuando intentaba cantarla cambiara en más de una oportunidad el orden de los versos. Algunas veces, la tarareaba siguiendo la melodía; otras, ponía énfasis en esas palabras que encajaban con un determinado acorde de la guitarra rítmica, o en esa otra que lo hacía con el tempo justo del bajo. Por supuesto, llegó un día en que dejé de prestarle atención para ya no escucharlo más.
Por esas épocas, que coincidían con mi aprendizaje escolar, supe de los poetas simbolistas, los parnasianos, los malditos. De la generación beat me enteré en los cafés que se ponían bohemios de noche en la ciudad. No muchos se animaban a comparar las letras del rock, especialmente el llamado nacional, con escritos de mayor categoría. Con todo eso mezclado, no dudé en despegar de aquella canción el texto de los sonidos e incorporarlo a mi ansiosa e incompleta antología poética.
Permítaseme pues hoy este amable regreso.

LOS LIBROS DE LA BUENA MEMORIA
El vino entibia sueños al jadear
desde su boca de verdeado dulzor,
y entre los libros de la buena memoria
se queda oyendo como un ciego frente al mar.
Mi voz le llegará, mi boca también.
Tal vez le confiaré
que eras el vestigio del futuro.
Rojas y verdes luces del amor
prestidigitan bajo un halo de rouge.
¿Qué sombra extraña te ocultó de mi guiño
que nunca oíste la hojarasca crepitar?
Pues, yo te escribiré, yo te haré llorar.
Mi boca besará
toda la ternura de tu acuario.
Mas si la luna enrojeciera en sed
o las impalas recorrieran tu estante
¿no volverías a triunfar en tu alma?
Yo sé que harías largos viajes por llegar.
Parado, estoy aquí esperándote.
Todo se oscureció.
Ya no sé si el mar descansará.
¿Habrá crecido un tallo en el nogal?
¿La luz habrá tiznado gente sin fe?
Esta botella se ha vaciado tan bien
que ni los sueños se cobijan del rumor.
Licor, no vuelvas ya, deja de reír.
No es necesario más.
Ya se ven los tigres en la lluvia.

LUIS ALBERTO SPINETTA


Rescatando Letras

Según recuerdo, fue el primer poema que dediqué. El libro en donde se encontraba este escrito me fue prestado por un amigo, con quien compartíamos gustos por cierto tipo de música y por el ajedrez. La destinataria tenía los mismos pocos años que yo y no dudo que haya entendido la intención. La mía, por supuesto. Más allá del atrevimiento, por aquellos lejanísimos tiempos las hazañas se medían en paseos de la mano. Los besos pertenecían a otra categoría.
Con el inevitable fluir de la existencia, el autor volvió a aparecer en mi camino y ya no me pareció tan íntimo, tan impactante. Y esto no se debió a que ya se había empezado a diseccionar la literatura bajo la lupa de la feroz crítica deconstructivista. De cualquier manera, hoy el entonces frustrado recurso transformado en un lugar común intentará aquí vanamente repetir aquel perdido destello.

Si nuestro amor es lo que es
es porque ha franqueado sus límites

Quería pasar bajo la cerca
como una serpiente, y ganar el aire
como un ave, y ganar la onda
como un pez, y ganar el tiempo.
Ganar la vida contra la muerte
y perpetuar el universo.

Tú me murmuraste perfección,
yo te susurré armonía.
Cuando nos abrazamos
se alzó un gran silencio.
Nuestra desnudez delirante
nos hizo súbitamente comprenderlo todo.
Pase lo que pase, soñamos;
pase lo que pase viviremos.

Tiendes tu frente como un camino
en el que nada me hace vacilar.
El sol se funde en él gota a gota;
paso a paso, recupero las fuerzas.

Nuevas razones para amar
y el mundo bajo su corteza
me ofrecen su savia conjugada
al largo riachuelo de nuestros besos.

PAUL ÉLUARD


Cuentos de tranco corto

AMBAS RAZONES

Se encuentran en un pasillo no muy luminoso de la Facultad de Humanidades. Ya con varios años de idas y vueltas por aulas, salones y auditorios, la filosofía se atreve a decirle a la gramática:
—A vos no te queda más remedio que conjugar en tres tiempos. Yo puedo hacerlo sólo en uno, ya que el presente simple está formado por un imperfecto pasado y un perfecto futuro.
—Tenés razón. Pero yo no estoy atrapada por la vida, sino por la necesidad de decir que se está vivo, que se estuvo vivo y que se quiere seguir vivo.


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