Comparto el segundo premio en cuento obtenido en el Concurso «Marta Bustos», de Junín.

Una buena piña se va a comer. Ya va a ver esa que dice llamarse profesora. Me va a tener que escuchar. Qué se habrá creído. Ponerle un colorado en el trimestre al nene. Mi hijo se la pasa estudiando todo el día. Yo lo controlo. Yo lo veo hacer el esfuerzo. Pero, para qué. Para que esta venga y me lo aplace. Se las va a tener que ver conmigo. Pasá rápido vos, no ves que estoy apurada. Ya me va a escuchar esa. Cuando llegue se va a armar. De dónde salió toda esta gente que viene molestando por la vereda. A ver si se corren. Seguramente no tienen nada que hacer. La dire dijo en una de las reuniones a las que fui y en la que estaba esa que dice llamarse profesora, que los padres tenían que interesarse por el desenvolvimiento de sus hijos. Sí, eso dijo, desenvolvimiento. Y dijo también que a ella le gustaba la comunicación. No, la organización. Sí, se veía muy organizada. Porque tenía todo anotado. Porque se sabía los nombres y apellidos de las madres que también habían ido a aquella reunión a la que fue esa. Y que le gustaba resolver los inconvenientes entre todos. Porque todos eran parte de esa comunidad. Sí, eso dijo. De la comunidad. Mirá a este otro. Movete. Para qué tenés ese autazo si vas a andar como en bicicleta. Así que ya va a ver esa. Y nada de comunicación. Una buena torta se va a comer. La dire se ve buena mina, pero con ella no es la cosa. Es con la otra. Y se la pienso poner. Porque estas no entienden lo que una sacrifica para que un hijo vaya a la escuela. Para que después lo terminen despreciando. Porque me di cuenta que al nene no me lo quieren. No me lo entienden. Y sobre todo esa, que viene y me lo aplaza. El nene me dijo que había estudiado para la prueba importante. Y que había hecho todos los trabajos. Algunos no los había terminado muy bien. Pero en lugar de decirle mirá este no está completo, no, viene y se los bocha. No le da una oportunidad. Y encima viene y dice que además no atiende mucho en clase. Claro, por eso no rinde bien, dijo. Eso fue en la reunión en donde nos hicieron ir para quejarse de los pendejos. Pero entonces yo no sabía que me lo había aplazado, porque si no seguro se comía la piña ahí mismo. Además me dijo que era medio contestador. Yo sé que por ahí no te pone muy buena cara cuando vos le decís algo que no le gusta o le pedís que haga algo cuando no está haciendo nada. Pero no te contesta. Te mira medio fiero, nomás. O sea que no es cierto que sea contestador. Encima media mentirosa la cosa esa. Una buena piña se va a comer cuando llegue. La voy a cruzar de una. Así sin avisar. Me tengo que apurar porque es mucho lo que me queda por planchar. Se va a tener que dar cuenta por qué cuando la emboque, porque mucho no le voy a poder hablar. Y no es la única. Pero con las otras ya voy a ver cómo hago. A lo mejor de esas hablo con la dire, que se ve que escucha. Que le gustaba tener todo organizado, creo que dijo. Tener todo bajo control, seguro que dijo. Para que se entendiera. Pero lo único que tienen que entender es que no me lo pueden aplazar así al nene. Y es esa. Esa vieja es la que menos me lo quiere. Aunque no se ve tan vieja. Seguro le falta un buen cariño. Ya debe estar por empezar el recreo así la puedo cruzar en el pasillo o en la sala de profes. Le tengo preparadas un par de cosas para decirle, por si no se da cuenta por qué le pego. Marta llega a la puerta de la preceptoría y ve el cartel en grandes letras negras sobre fondo blanco que le dice: “Para quienes quieran golpear a las profesoras de Matemática, Lengua y Física – Lunes, miércoles y viernes de 10 a 12 hs.” Parada con la boca abierta piensa “era organizada la dire, nomás”. Pero ahora, lo que más bronca le da es que va a tener que volver al otro día.

