Otra confirmación
La discusión había sido intensa a través de los siglos. Pero un buen día, los científicos dejaron atrás a filósofos y religiosos. La máquina que iba a permitir comunicarse con Dios estaba terminada. El Elegido, un valiente que había leído todas las Escrituras, resultó seleccionado por los minúsculos ordenadores que marcaban desde hace muchos años los caminos a seguir. Adán Adán, tal el nombre que se dio el pionero, fue dejado a solas vestido con una larga túnica blanca en el Magno Altar: un enorme espejo gelatinoso, un ergonómico asiento, miles de fibras flotantes que emitían una tenue luz natural y, para acompañar la tensión de la espera, una botella de la espirituosa bebida preferida del afortunado.
Luego de leves trompetas, y de acuerdo a lo previsto, el reflejo comienza a transfigurarse… Suaves cantos corales completan la escena… Está llegando el Gran Momento… Los minutos pasan y pasan… El Elegido continúa viendo su propia cara.