Cuentos de tranco corto

EL QUE HEREDÓ DE SU MADRE

Esta vez ha tomado un poco de más, y se lo hago notar. Para no sentir tanto los golpes, me ha contestado murmurando. El balanceo y el embotamiento no le impiden pensar, ya que al pucho me propone: “Y si salimos a chupar otro día que no sea el sábado por la noche”. Lo miro casi con ternura mientras termina la idea: “Es que mi mujer se levanta religiosamente muy temprano todos los domingos… Para hacer pastas, sabés…”.


Cuentos de tranco corto

El desamparo y la ley

Son todos unos chorros… En especial el Dr. Mependepez. Si pudiera lo retaría a duelo… El mencionado doctor, diputado él, levantó el guante y aceptó públicamente el desafío. Como está prohibido, el camarista tuvo que solicitar al Congreso la autorización y el desafuero. Para tal fin, le dieron utilidad a la historia del país, rescatando casos y argumentos relacionados con el tema. Concedidos los pedidos únicamente con ese motivo, se preparó la ceremonia. Padrinos, armas, la estancia prestada de un amigo común de los duelistas, el amanecer de un futuro recordado día. La puntería o la suerte jugaron a favor del legislador, quien vio así lavado su nombre. Ya nadie más se atrevería a llamarlo ladrón. En la primera sesión de la cámara a la que asistió, presentó un proyecto de ley, que hoy lleva su nombre, por el cual se le pudieron confiscar todos los bienes al derrotado.


Cuentos de tranco corto

Otra confirmación

La discusión había sido intensa a través de los siglos. Pero un buen día, los científicos dejaron atrás a filósofos y religiosos. La máquina que iba a permitir comunicarse con Dios estaba terminada. El Elegido, un valiente que había leído todas las Escrituras, resultó seleccionado por los minúsculos ordenadores que marcaban desde hace muchos años los caminos a seguir. Adán Adán, tal el nombre que se dio el pionero, fue dejado a solas vestido con una larga túnica blanca en el Magno Altar: un enorme espejo gelatinoso, un ergonómico asiento, miles de fibras flotantes que emitían una tenue luz natural y, para acompañar la tensión de la espera, una botella de la espirituosa bebida preferida del afortunado.

Luego de leves trompetas, y de acuerdo a lo previsto, el reflejo comienza a transfigurarse… Suaves cantos corales completan la escena… Está llegando el Gran Momento… Los minutos pasan y pasan… El Elegido continúa viendo su propia cara.


Cuentos de tranco corto

HOY YA NADIE ESCUCHA

La casa es vieja y está apartada del pueblo. Golpean la puerta. Él la ha visto y la ha reconocido. Ella vuelve a golpear. Él sigue sin atender. Ella insiste. En ese lugar, los antiguos aseguran que si uno no abre o contesta, pasa de largo. “Me voy —dice La Que No Perdona—, vuelvo después. Por aquí cerca hay otro. Ese creo que no es sordo”.


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