Cuentos de tranco corto

LA MISMA VIEJA ILUSIÓN

Finalmente, han podido hallar un planeta habitable, similar al que hasta ahora nos sirve de hogar. Tiene atmósfera, agua, vida vegetal y animal. Allí podremos empezar de nuevo, tendremos una nueva oportunidad. Es intensamente azul y es el tercero de los que giran alrededor de un sol ubicado en el borde de una galaxia en forma de espiral.

Cuentos de tranco corto

DESORDENADA HISTORIA

Ya son tantos los viajes en el tiempo que se están haciendo, que en el pasado hay una comisión encargada de reglamentarlos para ponerles límites. El coordinador de la misma ha dicho: “No puede ser que cada vez que modifican algo y vuelven a su presente y los resultados no les gustan, retornan para cambiar otra cosa. Y así cómo va uno a planificar el futuro”.


Cuentos de tranco corto

CRÓNICAS de la MEMORIA II

Esa mañana, como tantas otras, se despertó bastante temprano. Había iniciado hace días su nueva etapa en la secundaria. Tenía que colaborar con su padre, policía retirado, en las cosas de la casa, debido a que su madre ya no estaba con ellos. Inocencia, como su abuela paterna, alcanzó a sentir las corridas y los golpes de las puertas del vehículo que arrancó ruidosamente. El tremendo impacto que destrozó la ventana de su pieza, que daba a la calle, la empujó contra el otro muro, detrás del cual dormían su hermano y su papá. Sobrevivirá físicamente, pero llevará siempre el testimonio del horror en su cara, que quedará desfigurada por las quemaduras de la deflagración y los vidrios. Sobre la pared, el aerosol todavía chorrea incompleto, en letras rojas, “Liberación o”.

Cuentos de tranco corto

CRÓNICAS de la MEMORIA I

El hombre, envuelto en sus harapos y cubierto por barba y melena desprolija, advierte la presencia de los uniformados. Y aunque no lo intimidan, como ya casi nada, lo han obligado a prestarles atención: están revisando su carga. A ver usted, qué está haciendo con estos panfletos. Los estoy recogiendo, no ve. Pero, sabe lo que dicen. Para mí son basura. No sabe que está prohibido difundir este material. Para mí son basura. No se haga el tonto quiere, aquí está clarito lo que dicen. Soldado, suba a este agente subversivo al camión. Se resiste en silencio. El subteniente saca el arma y le apunta. No consigue que obedezca. Ambos cierran los ojos. Queda tirado ahí en el basural. Vamos, nadie reclamará por él. Lo encuentran, confundido entre los desperdicios. Es él, es él, seguro que es él. El Jacinto, sin documentos, analfabeto.

Cuentos de tranco corto

EL ÚLTIMO RECUERDO

Tenía por fin la fórmula. Muchos años de laboratorio, mucha tarea de investigador. Pudo acomodar finalmente en su cabeza la secuencia correcta de neuropéptidos con ese anticuerpo monoclonal. La que tanto había buscado. El documento con todo su trabajo previo está en su computadora. Recordó cuál. Consigue abrirlo con el programa ese, el de la letra y la página en blanco. Esta lo sorprende: “contraseña para abrir el archivo”. Mira, piensa. No puede acordarse de la palabra clave. Las hojas del árbol del fondo de casa que dan a la ventana lo distraen. Lo plantó su padre una tarde de sábado apenas empezado el invierno. Vuelve a la pantalla. Frunce el ceño. Cierra el programa con sus demandas. No volverá a recordar que allí estaba la fórmula que debía completar. La fórmula para combatir el Alzheimer.

Cuentos de tranco corto

EL ENIGMA DE PEGANA

Sus días están por terminar. Lo sabe y así se lo han confirmado los precisos diagnósticos de los médicos cibernéticos. Siguiendo la costumbre de milenios, intenta ordenar los sucesos de su vida que merezcan ser rescatados, evaluándolos desde el sentimiento y la utilidad. Espera sorprenderse con inesperados hechos que justifiquen su paso por este universo. Así, atropelladas imágenes van adquiriendo, poco a poco, formas más precisas. Por fin, los recuerdos hacen su piadosa contribución. Y se queda tranquilo. Ahora, sólo le resta el final.

La máquina prodigiosa, que únicamente puede activar quien inicia el irreversible viaje, está pensada para contestar una única pregunta, antes de acompañar el último aliento.

Decidido, mira sonriendo la palma de su mano izquierda aguardando sin apuro la respuesta:

—¿Estaba todo escrito aquí?

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar