EL ENIGMA DE PEGANA
Sus días están por terminar. Lo sabe y así se lo han confirmado los precisos diagnósticos de los médicos cibernéticos. Siguiendo la costumbre de milenios, intenta ordenar los sucesos de su vida que merezcan ser rescatados, evaluándolos desde el sentimiento y la utilidad. Espera sorprenderse con inesperados hechos que justifiquen su paso por este universo. Así, atropelladas imágenes van adquiriendo, poco a poco, formas más precisas. Por fin, los recuerdos hacen su piadosa contribución. Y se queda tranquilo. Ahora, sólo le resta el final.
La máquina prodigiosa, que únicamente puede activar quien inicia el irreversible viaje, está pensada para contestar una única pregunta, antes de acompañar el último aliento.
Decidido, mira sonriendo la palma de su mano izquierda aguardando sin apuro la respuesta:
—¿Estaba todo escrito aquí?