Cuentos de tranco corto

LOS DEDOS DE KAIRÓS

Apenas comenzó la pandemia, dejó de tachar los días en el calendario clavado en la pared. Las jornadas se fueron haciendo más largas. Al principio, imperceptiblemente. Pero se estiraron, de a poquito se estiraron. Sin dudas, ya que pudo hacer más cosas. Inclusive algunas que siempre quiso y no tuvo tiempo ni ganas de hacer. Aunque lo que percibía día tras día era más que llamativo, no se atrevió a comentarlo con nadie, para no alentar ningún tipo de sospecha. Mientras, las salidas y entradas de sol continuaron dilatándose.

Cuando quiso volver a tachar los días en el almanaque, los meses se habían terminado.

Cuentos de tranco corto

SRES. MOTOCHORROS

Por medio de la presente resolución 211.459-AmB/0606 del Ministerio, que cuenta con el acuerdo del Poder Judicial a través de la acordada respectiva, se dispone que todos los conductores de motocicletas que hayan decidido incurrir en la comisión de algún delito utilizando tal rodado, quedarán exceptuados del uso obligatorio del casco reglamentario establecido oportunamente por la reforma a la Ley de Tránsito. La finalidad de esta medida es poder identificar rápida y efectivamente a quienes cometan ilícitos utilizando el mencionado tipo de vehículo. Obviamente, como consecuencia directa de esta misma resolución no serán multados por la antedicha falta, la cual será considerada como colaboración con la justicia, redundando en beneficios al momento de la condena que les correspondiera.

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LOS HERMANOS SEAN UNIDOS

El Martín se había burlado del Capitán. Se había atrevido a desafiarlo cuando dio una orden para que la cumplieran todos los chicos del vecindario. Y eso no se hace. Por lo menos, nunca nadie se atrevió a hacerlo. Ahora, el pobre se las vería con nosotros.

Nos juntamos ese día en la esquina que era nuestra, donde no se animaba ninguno a pasar. Y nos fuimos así como marchando a buscarlo al retobado ese. Lo encontramos atravesando la canchita solo, caminando con las manos en los bolsillos. Ni la gomera llevaba. Ni se imaginaba lo que le pasaría. Le cerramos la salida por una de las calles y el resto se le fue al humo caminando ligerito. Cuando nos vio, se detuvo y se nos paró de frente. No tenía ninguna chance solo, ni corriendo ni enfrentándonos.

Por eso, casi sin pensar, imitando al Martín, agarré unas buenas piedras con una mano y con la otra un enorme y firme palo y caminando de espaldas me le fui poniendo al lado. ¿Tadeo, qué hacés…?, me dijo sorprendido el Capitán. No voy a dejar que se aprovechen así de un indefenso, le grité como nunca. Mientras me agachaba para esquivar los primeros cascotazos, pude ver que detrás del arco roto había un lugarcito por donde escapar y nunca más volver.

Cuentos de tranco corto

ATENCIÓN AL PÚBLICO

La fila ya es bastante larga. Mira el reloj en la pared y luego de averiguar si es la hora correcta, se dirige al mostrador y después del obligado buen día pregunta:

̶  ¿Aquí es donde se hace el trámite 0496/33?

La empleada, a los gritos, le dice que debe esperar su turno. El que pregunta saca un arma de fuego y dispara sobre la humanidad de la que atiende. La gente grita y se desordena la cola. Ante la perplejidad de la mayoría que ha quedado paralizada, la empleada se levanta, sacude su cabeza y reconviene al pistolero.

̶  No le dije que tenía que esperar su turno…

El hombre dispara nuevamente. Ya la curiosidad puede más y llena el ambiente de expectativa. La empleada vuelve a levantarse, esta vez con más dificultad, y amablemente y en voz baja dice:

̶  ¿Qué quería el señor…?

Cuentos de tranco corto

TERRIBLE APARIENCIA

Luego de recordar lo que pasó hoy, que es una repetición de lo de ayer y de días pasados, no me cabe ninguna duda que ha cambiado. Es el correr del tiempo, me diría tal vez alguno. El agotamiento del camino, afirmaría otro. Pero ahora que lo pienso, siempre fue así. Me doy cuenta al ir encadenando todas esas situaciones que me parecieron curiosas, ocasionales, accidentales en su momento. Aún no he decidido qué hacer. Estoy pensando en plantearle mis sensaciones, para empezar, a ver qué me dice. Más allá de que no me queda ya ninguna duda.

Esas escamas, ese color verde…, piensa él.

Esas garras, esos colmillos…, piensa ella.

Cuentos de tranco corto

Arte posposmoderno

Para Claudia

I.

Es un cuadro tridimensional. Aunque a primera vista parece una escultura. Pero es un cuadro. Así lo afirma su autor, que lo ha colgado en medio de la sala principal de exposiciones.

II.

La crítica especializada se ha horrorizado. La reacción del público, que se ha volcado en cantidades para ver la novedad, ha sido de curiosidad y luego de sorpresa. Los periodistas inicialmente se limitaron a hacer difusión, pero al ver las multitudes empezaron a decir que ya era hora de que apareciera algo nuevo.

III.

La conocida escultora despliega sus instrumentos: un soplete, una pala y una escobilla. Ante el asombro de los presentes quema el “Neocuadro XXI”, que en minutos queda reducido a cenizas. Junta estas con la pala y la escobilla y las coloca sobre una pequeña mesa donde ya está pegada la etiqueta con el nombre: “Los restos del arte”. Con el fibrón negro completa la obra con su firma autógrafa, ante los primeros aplausos de algunos concurrentes.

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