Cuentos de tranco corto

CÍRCULO AMBICIOSO

Todo quemado. La mismísima selva del Amazonas. Sólo restos negruzcos y humo. El asombro se pierde en explicaciones, resoluciones, investigaciones, recomendaciones internacionales, promesas de ayudas y voluntariados.

Mientras, caen esperadas, gruesas e incontables gotas. Comienzan a surgir con fuerza mínimos brotes entre las cenizas que han perdido su calor. Estallan también pequeños huevos que con premura darán movimiento al suelo. Vuelven a revolotear diminutos insectos. Por fin, se levantan erguidos tallos, siguiendo el eterno camino. Retornan los colores en infinitos tonos. Zumban, mezclados, múltiples rumores de vida.

Ya se percibe el rum rum atropellado de las topadoras otra vez…

Cuentos de tranco corto

LA LUCIDEZ DE LA INOCENCIA

Lo estaban felicitando porque pasaría a primer grado. Había terminado un ciclo de su educación inicial y ahora empezaría otro. Pero Angelito lloraba. Había entendido muchas cosas durante su formación en salita de cuatro y en salita de cinco. Pudo jugar, cantar, dibujar, pintar, correr. Pudo conocer las letras. Enormes, recortadas en cartulina, coloreadas y pegadas en la pared. Todas con distintas caritas. Con ellas aprendería, según le aseguraron, a leer. Esperaba ansioso ese momento, ya que había escuchado atentamente, como hipnotizado, las lecturas en voz alta de la señorita Alicia. Ella contaba maravillas desde libros llenos de dibujos de animalitos y plantitas que hablaban. El pequeño intuía que ahora perdería toda esa magia.

Por eso, lloraba. Casi sin consuelo. Ante el asombro de sus padres y de las maestras que no podían entender que él no quería pasar a primer grado. Él quería pasar a salita de seis.

Cuentos de tranco corto

LEJANOS DÍAS DEL SOCIAL Y DEPORTIVO

Acaba de cobrar la jubilación y va caminando apoyada en su bastón meditando sus cosas. Desde la plaza, uno de los pibes la ha visto cruzando la calle descuidadamente con su cartera colgada del brazo. Corre, se la arrebata y se trepa a la moto que lo espera en marcha. Hay bastante gente y al vehículo le cuesta acelerar. Gasta su velocidad esquivando transeúntes para escapar en contramano. La anciana, mientras tanto, recordando sus mozos días de atleta, ha empuñado la jabalina y la lanza arqueando su cuerpo todo lo que puede. Sabe que no será ni por asomo uno de sus registros mejores, pero confía en que hará impacto en el que maneja, quien no lleva casco, quien siente el impacto, quien tambalea y arrastra moto y acompañante.

Los caminantes cercanos hacen el resto de la tarea, mientras la abuela recupera cartera y bastón en medio de los aplausos.

Cuentos de tranco corto

DE AZULES Y GLOBITOS

La pared pintada con dedicación azul aparece una mañana toda manchada de rojo. Son ellos, fueron ellos. Nosotros sabemos quiénes son, vamos a buscarlos y los cagamos a patadas. Se pusieron en campaña, le avisan al jefe. Este les pide que esperen. Voy a mandar unos mensajes y después les aviso, no se muevan hasta que los llame… Juntaron de todas maneras las cadenas y los palos. Le avisaron a algún primo que siempre se prende en estas. Hagámosle lo mismo con la pintada de ellos de la plaza, dijo otro. Le tiramos el azul encima del rojo y el blanco ese y listo…

Del otro lado del teléfono, el otro le pide que lo aguante. Dejá que pregunto por ahí y después te devuelvo la llamada. Cuando pregunta, están festejando. Pero jefe, se la pusimos a esos… si quieren guerra se la damos y listo, yo los conozco a los de ese barrio, siempre corren…

Finalmente, bajan la orden. Armen la propia, respetando las paredes de cada uno y los lugares en la plaza, que es bastante grande.

En la pared enchastrada hace unas pocas horas, empieza a resaltar nuevamente el azul, tapando el blanco que ha cubierto el rojo distintivo del otro equipo. El flaco habilidoso, como si estuviera haciendo gambetas hacia el gol, ha dejado un lugar con ese color extraño a sus afectos; ahí se empieza a distinguir, con las pasadas del aerosol, el fuego de una bengala, que empuña levantada un hincha con la boca abierta que grita alentando al cuadro de sus amores.

Cuentos de tranco corto

Dos inmigrantes

El viejo había venido de las Europas. Con su parrita bajo el brazo y las ganas de meter la mano en la prometedora tierra. El hijo pudo pasar su mano por libros en idioma nuevo y por cuadernos llenos de cuentas que sumaron y sumaron hasta dar una bodega. El nieto usó la mano para la llave del importado, las fichas del casino y los cierres de fáciles señoritas. Nicola, el bisnieto decidido, lleva el pasaporte en la mano y se va dejando una novia. Volverá con Ingrid, la bisnieta de un austríaco viticultor, a comprar alguna de las antiguas bodegas de oferta.

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