Cuentos de tranco corto

RAPIDEZ DEL PROGRESO

Para D.C.

Cinco velocidades tiene. Dos marchas atrás. Ruedas de alto impacto. Pero lo más importante es la batería. Sí, el rendimiento. Podés andar, andar y andar. Aquí en la provincia hay de sobra del elemento ese con el que las hacen. Y aunque dicen muchas cosas, yo no creo que después de tantos años haya producido esos terribles efectos sobre la salud que afirman se deben a la contaminación. Parecen más una casualidad, una decisión del destino. En fin, no le doy más vueltas al asunto. Sigo paseando en mi silla de ruedas Especial Gold Plus.

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PROTECCIONES INCOMPLETAS

Apenas la vio sintió el golpe. La sonrisa dibujada en esa boca no le permitió dudar. Había tenido amores por montones. En todos, habíase fijado en los atributos físicos que causaron en su oportunidad el impacto. Y aunque con frecuencia estos eran fuertes, con el tiempo pasaban, se minimizaban, se contrapesaban, se esfumaban entre los ocultos defectos que iban apareciendo irremediablemente. Pero en esta ocasión resultaba distinto. Esa sonrisa no podía mentir. Esa sonrisa de la que quedó prendado. Esa inefable sonrisa dibujada en el barbijo.

Cuentos de tranco corto

DESDE HADES

“¡Les daremos su merecido! ¡Atreverse a degradarnos! ¡Los sacaremos de órbita!”.

Decidieron lanzar la invasión. Luego de que se enteraran de la tremenda novedad. Tienen calculado hasta el mínimo detalle, gracias a millones de años de avance en su tecnología. Están decididos a castigar la soberbia y la discriminación. Con toda la furia, con toda la firmeza. Sólo han previsto salvar a Mr. Clyde Tombaugh.

“¡Considerarnos un planeta enano dentro del Sistema Solar! ¡Ya van a ver!”.

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EXCESIVA AUTOAYUDA

La vida sólo puede ser comprendida mirando hacia atrás, se dijo repitiendo eso que leyó y le había impactado. Miró entonces para atrás y tropezó. Un tropezón no es caída, volvió a decirse contento por la convicción, aunque no pudo evitar caerse. No importa cuántas veces caigas sino las que te levantas, recordó a la vez que se sacudía el pantalón roto a la altura de sus rodillas, cosa que lo dejaría poco presentable para la cita. Las apariencias engañan, pensó al respecto, en tanto intentaba llegar al colectivo que empezaba a arrancar. Lo importante es el recorrido no la meta, murmuró mientras el vehículo se le escapaba. El “no hay mal que por bien no venga” le llegó rápido a su mente, pero no alcanzó a encontrar ninguna frase oportuna al escuchar el chirrido del automóvil sin frenos que se lo llevó por delante.

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EL FUTURO EN SUS MANITAS

Llegan corriendo y a los gritos. Entran antes de que sus padres llamen a mi puerta. Traen las risas y los colores. Sus caritas de nietos son el testimonio nuevo de aquellas caritas de mis hijos. Mis brazos todavía pueden abrirse ilusionados. Me seco las manos en el delantal e intento buscar rápidamente los programas de dibujitos. Pero esos celulares ya están dale que dale, mientras el televisor quedará ahí, encendido y abandonado.

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