Los pasos apurados
de las savias
anduvieron buscando
los besos ofrecidos
por las hebras luminosas.
Los terrones ilusionados
ocultan la tarea con paciencia.
La subterránea catarata
dará alimentos a las ganas,
como si fueran almas.
Mientras olvidamos
eso que no vemos,
con la gracia sin ensayos
de una adolescente
se irá abriendo
en lento estallido,
obedeciendo el mandato
de las fuerzas
que de abajo empujan
y de arriba llaman.
Cuentos de tranco corto
NO PUEDO SACARME ESA IMAGEN DE LA CABEZA
Había discutido toda la tarde con él sin ponerse de acuerdo. El anochecer se acercaba y nada parecía alterar el ya inútil intercambio de opiniones. Inesperadamente, le incrustó el portarretrato de su ídolo justo en medio de la frente.
RECORRIDO
Aunque no me lo proponga, intento agotar, creo sin éxito, las sendas que van desde mí hacia algún lugar. Partes de ese espectro han tocado ya mis pies. Otras, sólo están para las caricias de mis ojos. Las que sospecho quedan mantendrán ocultas, celosamente, sus formas. Y antes de que el abanico se haya cerrado, deberán traer mis manos ofrendas agradecidas para contar.
Cuentos de tranco corto
CRUEL LUCIDEZ
Horrorizado, Kao ha entrevisto con nitidez la sensación de finitud producto de la ley de la vida. Como un resplandor, como un rápido y único parpadeo. Para luego desaparecer. Desesperado, comienza a añorar su estado anterior. Ese en donde el peligro del ataque predador está al acecho y hace correr. Intuye incómodamente que ya nada será igual. Siente el pavor otra vez ante la falsa trampa de la elección.
Aunque todavía no puede comprender que esas sensaciones son producto de intensos y precisos entrenamientos que le han permitido adquirir un admirable nivel de razonamiento, el chimpancé ha empezado desconsoladamente a llorar.
ATRAPADOS
Este respirar indeciso, esta expansión interior, este volar sin despegar los pies de la tierra, es el daño que a vos te debo, y que a mi condición de errante con las manos en los bolsillos sin vida y que siente extrañas todas las caras, agrega la de soñar sin tijeras.
Cuentos de tranco corto
¿QUIÉN PUDIERA HOY SER…?
Apenas la vio venir de frente supo que le quedaría justo eso que apareció de golpe en su cabeza. Una rápida y atrevida ocurrencia con la que halagaría los encantos de su belleza desparramada por la calle. Sabía también que en estos tiempos esas cosas no se pueden decir. Se limitó entonces a orientar su visión a una de las zonas de donde continuaban emanando los atractivos que lo atrajeron. Y se encontró con sus ojos… Ella, mientras le sostenía la mirada, se preguntó si sería grosería o puro ingenio. Al advertir su contenida sonrisa, intuyó que él no se animaría a soltar esa fresca y oculta frase. Y con una leve sensación incompleta ambos continuaron su correcto camino.
