Allá por los setenta, más precisamente 1975, la Pastoral Juvenil de la Iglesia Católica de Santa Fe organizó un concurso para estudiantes secundarios. Había que escribir la letra de un villancico. El premio consistía en que conocidos intérpretes del entonces llamado rock nacional le pondrían música al elegido y lo harían famoso. En aquella ocasión, me presenté y mi modesto poema quedó preseleccionado dentro de los diez finalistas. Aquellos confusos, convulsionados, irracionales y finalmente violentos años pasaron por encima de las intenciones findeañeras y la cosa se suspendió.
De cualquier manera, esos versos y sus sueños aún perduran aguardando tal vez las notas que les permitan terminar el inconcluso camino…
Vaya pues, como un rescate, como una ilusión, como un anhelo, como una ofrenda para un presente tan de apuro.
VILLANCICO
Una estrella cruza el cielo
trayendo luz de verdad.
Un coro de ángeles canta
con dulce son de cristal.
Las campanas han sonado
con ronca voz de metal,
se han levantado las copas
todas para festejar.
¡Es el día de la vida,
del amor y de la paz,
pues un niño ha nacido
en el más pobre portal!
Que el prójimo sea hermano
de toda la humanidad,
para que así nuestro mundo
se mueva por la humildad.
Que se callen las metrallas,
no se haga ya más el mal,
que desde hoy en adelante
sea siempre Navidad.
¡Es el día de la vida,
del amor y de la paz,
pues Él ha vuelto a nacer
en el más pobre portal!
