Un presente de Navidad

Allá por los setenta, más precisamente 1975, la Pastoral Juvenil de la Iglesia Católica de Santa Fe organizó un concurso para estudiantes secundarios. Había que escribir la letra de un villancico. El premio consistía en que conocidos intérpretes del entonces llamado rock nacional le pondrían música al elegido y lo harían famoso. En aquella ocasión, me presenté y mi modesto poema quedó preseleccionado dentro de los diez finalistas. Aquellos confusos, convulsionados, irracionales y finalmente violentos años pasaron por encima de las intenciones findeañeras y la cosa se suspendió.
De cualquier manera, esos versos y sus sueños aún perduran aguardando tal vez las notas que les permitan terminar el inconcluso camino…
Vaya pues, como un rescate, como una ilusión, como un anhelo, como una ofrenda para un presente tan de apuro.

Una estrella cruza el cielo
trayendo luz de verdad.
Un coro de ángeles canta
con dulce son de cristal.

Las campanas han sonado
con ronca voz de metal,
se han levantado las copas
todas para festejar.

¡Es el día de la vida,
del amor y de la paz,
pues un niño ha nacido
en el más pobre portal!

Que el prójimo sea hermano
de toda la humanidad,
para que así nuestro mundo
se mueva por la humildad.

Que se callen las metrallas,
no se haga ya más el mal,
que desde hoy en adelante
sea siempre Navidad.

¡Es el día de la vida,
del amor y de la paz,
pues Él ha vuelto a nacer
en el más pobre portal!

Rescatando Letras

Un poeta y crítico francés escribió sobre esta obra que hoy aquí arrimo: “Desde el mito de Sísifo, desde Prometeo, la piedra no había vuelto a cobrar, en literatura, tan profunda dimensión metafísica”. Muchos otros dijeron que su particular estética anticipó y marcó las mejores composiciones del famoso vate trasandino que luego transcendería fronteras y generaciones.
Cuando allá por los ochenta me llevé por delante estos elogiados versos, producto de los consejos de la familia de un amigo de juventud, no pude escapar al impacto: imágenes, comparaciones, metáforas, alusiones y toda una gama de recursos que no hacían otra cosa que recrear la más vieja ambientación a la que los habitantes de este suelo indudablemente pertenecemos.

Oh lira de los huesos llena de abejas tristes de la sangre,
la mano del arpegio se cierne hasta el tañido,
demora un aleteo confuso de presagio
su mariposa abierta recóndita en mi polen,
acá, donde gajo a gajo estalla orquídeas el delirio,
acá, donde el limbo devora una a una mis luciérnagas.

CON la piedra en la frente,
el hombre cumple ciclos de soledad,
remonta una vejez inmóvil que no tiene cifra.
Donde su luz no alcanza,
el corazón oficia como ciego lúcido:
tembloroso, sonámbulo,
a tientas entre signos que soplan un nombre de tiniebla
.

Hasta la última soledad.
La que no se penetra a pesar de la acústica y cilicio,
perpetua cúspide a sí misma inaccesible,
cifra total que integra su infinito solo,
donde el acorde se realiza,
donde canta -lo escucho-,
la piedra canta un solo de eternidad y de silencio.

(FRAGMENTO DE “PIEDRA INFINITA”, de Jorge Enrique Ramponi)


Rescatando Letras

Durante milenios se ha hablado de ella. Intentando entenderla, explicarla. Inevitable e impiadosa, nunca falla. Atrapar su sentido, su porqué, su propósito ha sido tarea de magos, sacerdotes, filósofos y poetas.
“… Oscura sombra le cubrió y en raudo vuelo descendió el alma a la región sombría…”, dijo Homero; “Pierda toda esperanza el que aquí entra”, escribió Alighieri; “… es dormir y tal vez soñar…”, nos recuerda Calderón; “… antes de que caiga el golpe…”, nos aconseja Russell. Más cerca en el tiempo, lo fuimos aprendiendo con las partidas de amores y afectos…
Conseguir decir todo eso de una manera agradable es casi una hazaña. Quizás el presente texto se acerque bastante.

REPOSO
Una tristeza del tamaño de un pájaro.
Un aro limpio, una oquedad, un siglo.
Este pasar despacio sin sonido,
esperando el gemido de lo oscuro.
Oh tú, mármol de carne soberana.
Resplandor que traspasas los encantos,
partiendo en dos la piedra derribada.
Oh sangre, oh sangre, oh ese reloj que pulsa
los cardos cuando crecen, cuando arañan
las gargantas partidas por el beso.

Oh esa luz sin espinas que acaricia
la postrer ignorancia que es la muerte.
Pasión que sueña que la muerte miente.

VICENTE ALEIXANDRE


Rescatando Letras

Llegó a mí a través de una revista de poesía que se editaba allá por los 90. La crítica que introducía el poema no lo favorecía: por esas épocas todo lo que tuviera un toque clásico era considerado atrasado, superado, viejo. Debemos recordar que en esos años nos estábamos enterando de que nos hallábamos en pleno posmodernismo: fin de los relatos, de la historia, de los sueños y de las utopías. Aunque luego de una buena cantidad de agua pasada bajo el puente, algunos de esos decretados fenecimientos mantuvieron el interés del nuevo milenio, si bien con oportunos toquecitos verdes e índigos.
De cualquier manera, el texto rescatado resistió los pretenciosos embates del más poderoso de los enemigos, el tiempo: figura en manuales de aprendizaje del idioma inglés, inspiró temas musicales de variados estilos, aparece en una conocida película de Clint Eastwood y emerge hoy aquí.

INVICTUS

En la noche que me envuelve,
negra, como un pozo insondable,
le doy gracias a los dioses que pudieren existir,
por mi alma inconquistable.

En las garras de las circunstancias,
no he gemido, ni he llorado.
Bajo los golpes del destino,
mi cabeza ensangrentada jamás se ha postrado.

Más allá de este lugar de ira y llantos,
acecha la oscuridad con su horror,
y sin embargo la amenaza de los años me halla,
y me hallará sin temor.

No importa cuán estrecho sea el camino,
ni cuántos castigos lleve a mi espalda,
soy el amo de mi destino,
soy el capitán de mi alma.

William Arthur Henley


Rescatando Letras

No recuerdo dónde lo escuché por primera vez, pero me gustó eso de que si alguien cantaba o silbaba una de sus canciones podía sentirse tranquilo porque había cumplido. Escribía poemas, muchos de los cuales casi simultánea y paralelamente se convertían en temas folclóricos. Así, se hizo famoso por ser el letrista de muchas de las mejores composiciones de nuestra música nativa.
Estos versos que traigo hoy aquí son una muestra de su estilo, de su temática, de su compromiso como artista con un país “grande y desparejo”, pero en donde la carencia material “no le quitaba lugar al festejo”. Por eso, era “compadre de muchos” y practicaba “la ilusión del pan y el vino compartidos”.

ESPERA DEL PEDRO CHANGA
Lo soñaron jinete, carpintero,
capitán de las lluvias del verano;
de niño lo querían de oro nuevo,
minero del salar, sabio artesano.
Porque las madres juegan a la espiga,
húmedas sus canciones de milagro,
rodeando a sus niños de luciérnagas
en la tierna bandera del regazo.

No vale recordar lo adolescente,
lo que fue atravesar cañaverales
silvándose la luna que gemía
ceñida por la noche palpitante.
Fue a la Pampa en enero porque el trigo
había puesto de oro la distancia
y en marzo fue subiendo hasta las uvas
que el sol de Cuyo preña de tonadas;
después entró al maíz, Santa Fe arriba,
y desgranó sus dientes sin ganancia
cuando mayo tenía ya los ojos
amanecidos de violenta escarcha.
Julio lo vio trepar sobre los trenes
hacia el azúcar agrio de la zafra
y volverse algodón todo septiembre
con el Chaco colgado a las espaldas.

Caminos del jornal ha andado Pedro
por todos los caminos de la patria
para volver al fin ya sospechando
que hay algo en todo esto que no anda,
por más que él ponga el hombro
y que sus manos
le hayan quedado anchas como el mapa.

La desocupación junta a los hombres
en la aurora trizada de la calle,
los ordena de gris, los alinea
con una misma espina atravesada.

Cada uno está solo con los otros
buscándose cigarros y palabras
mientras se cuentan hijos y decesos
y pormenores de la mala pata.

Entonces se le ve la traza al Pedro
fumándose hasta el pucho la esperanza,
apoyado en los hombros del silencio
y buscando salidas a las ganas.

ARMANDO TEJADA GÓMEZ


Rescatando Letras

“Todo es vanidad y aflicción de espíritu”, dice un antiguo texto hebreo. Más cerca en el tiempo, poetas y filósofos han intentado confirmar la incómoda verdad de diversas maneras y con variados recursos. Cuando leí los versos que hoy aquí arrimo no pude más que estar de acuerdo con esa paciente tarea de inevitable cumplimiento a que nos obliga la frase. El título del poema hace referencia a un soberano, pero bien podría haberse llamado “Olvido”, ya que en definitiva es a lo que nos condena aquella sentencia. Volví a encontrarme con el nombre del rey algunos años después al leer la probablemente mejor novela gráfica editada, y muchos años más adelante, en el capítulo decisivo de una hoy famosa serie televisiva. En ambos casos, la alusión a la grandeza y a la caída sigue perenne.

OZYMANDIAS

Conocí a un viajero de una tierra antigua
que dijo: dos enormes piernas pétreas, sin su tronco
se yerguen en el desierto. A su lado, en la arena,
semihundido, yace un rostro hecho pedazos, cuyo ceño
y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,
cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones
las cuales aún sobreviven, grabadas en estos inertes objetos,
a las manos que las tallaron y al corazón que las alimentó.
Y en el pedestal se leen estas palabras:
«Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes,
¡contemplad mis obras, poderosos, y desesperad!».
Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia
de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas
se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas.

Percy Bysshe Shelley


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