Nos estábamos arrimando a ese movimiento que creía posible la paz, el amor y el consecuente entendimiento de los pueblos. Eso lo expresaba, obviamente, una juventud que con arrolladora frescura parecía que podía contra todos los poderes del mundo. Y uno de los vehículos era el arte. Específicamente, la música. Era imprescindible pues, saber qué decía. Porque esas letras estaban escritas en otro idioma. Ya habíamos hecho la experiencia con Los Beatles. Así es que, con cosquilleante curiosidad, bastante de atrevimiento y Appleton Cuyas mediante, la emprendimos con la traducción. Se había dicho que su obra era indescifrable. Lo llano del lenguaje y de los términos que encontramos, la casi nula dificultad para hallar la palabra correcta, la similitud de expresiones en nuestra propia habla, nos terminaron de confirmar lo que sospechábamos: que más allá de los acordes había poesía, una muy particular, casi escondida, pero fácil de descubrir.
En un siglo muy distinto a aquél, el reconocimiento a todo eso llegó por intermedio de un polémico y todavía prestigioso premio. La canción en su honor durante la ceremonia de entrega del galardón fue la aquí rescatada.
UNA FUERTE LLUVIA CAERÁ
Oh, ¿dónde has estado, mi querido hijo de ojos azules?
¿Dónde has estado, mi joven querido?
He tropezado con la ladera de doce brumosas montañas,
he andado y me he arrastrado en seis autopistas curvadas,
he andado en medio de siete bosques sombríos,
he estado delante de una docena de océanos muertos,
me he adentrado diez mil millas en la boca de un cementerio;
y es dura, es dura, es dura, es muy dura,
es muy dura la lluvia que va a caer.
Oh, ¿y qué viste, mi hijo de ojos azules?
Oh, ¿qué viste, mi joven querido?
Vi lobos salvajes alrededor de un recién nacido,
vi una autopista de diamantes que nadie usaba,
vi una rama negra goteando sangre todavía fresca,
vi una habitación llena de hombres cuyos martillos sangraban,
vi una blanca escalera cubierta de agua,
vi diez mil oradores cuyas lenguas estaban rotas,
vi pistolas y espadas en manos de niños;
y es dura, es dura, es dura, y es muy dura,
es muy dura la lluvia que va a caer.
¿Y qué oíste, mi hijo de ojos azules?
¿Y qué oíste, mi joven querido?
Oí el sonido de un trueno, que rugió sin aviso,
oí el bramar de una ola que pudiera anegar el mundo entero,
oí cien tamborileros cuyas manos ardían,
oí diez mil susurros y nadie escuchando,
oí a una persona morir de hambre, oí a mucha gente reír,
oí la canción de un poeta que moría en la cuneta,
oí el sonido de un payaso que lloraba en el callejón;
y es dura, es dura, es dura, es muy dura,
es dura la lluvia que va a caer.
Oh, ¿a quién encontraste, mi hijo de ojos azules?
¿Y a quién encontraste, mi joven querido?
Encontré un niño pequeño junto a un poni muerto,
encontré un hombre blanco que paseaba un perro negro,
encontré una mujer joven cuyo cuerpo estaba ardiendo,
encontré a una chica que me dio un arco iris,
encontré a un hombre que estaba herido de amor,
encontré a otro, que estaba herido de odio;
y es dura, es dura, es dura, es muy dura,
es muy dura la lluvia que va a caer.
¿Y ahora qué harás, mi hijo preferido?
¿Y ahora qué harás, mi joven querido?
Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer,
caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro,
donde la gente es mucha y sus manos están vacías,
donde el veneno contamina sus aguas,
donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión,
y la cara del verdugo está siempre bien escondida,
donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas,
donde el negro es el color, y ninguno el número,
y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré,
y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo,
luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme,
pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla;
y es dura, es dura, es dura, es muy dura,
es muy dura la lluvia que va a caer.
BOB DYLAN