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Otro camino

Pensativa, desde lo alto mira la choza a donde debe llevar la leña recogida. Sentada descansando intenta desentrañar eso que siente. Su abuelo le ha dicho que ya es tiempo. Que su madre y su padre así lo hubieran querido. Y que es por su bien. Dejará de hacer lo que hace e intuye que su vida ya no será la misma. Tendrá que caminar casi diariamente, como lo ha venido haciendo estas y otras mañanas. Llevará y traerá otra carga, tal vez más liviana. No sabe qué encontrará en eso que llaman escuela.


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Sobre viajes, despedidas y distancias

(Para Pablo y Verónica)

Un viaje es tantas cosas. Más allá de que en el fondo consista básicamente en lo mismo. De que se reduzca a ser sólo una: trasladarse de un lugar a otro con un propósito. Ahora bien, puede hacerse de distintas maneras, por diferentes medios: a pie o en vehículo, por ejemplo. A veces, la imaginación también ayuda. La geografía nos impondrá otras diferencias y limitaciones: tierra, agua, aire. Luego aparecerán los motivos: la oportunidad, la urgencia, la obligación, las ganas, los sueños y las ilusiones. Finalmente, todo arrancará cuando tengamos los recursos.
Hay viajes conocidos y hasta famosos: el de Ulises, el de Jasón, los de Colón, el de Magallanes, el de Darwin a bordo del Beagle, el de Alonso Quijano, los de Gulliver, el de Santiago con su triciclo alrededor del mundo, el del Judío Errante, el de Frodo Bolsón, el del inmortal rescatado por Borges, el realizado al mismísimo corazón de nuestro bendito planeta, el del héroe de las mil caras y algunos otros que se perdieron por los caprichosos senderos de la memoria.
Un cantante dijo alguna vez que viajar fortalecía el corazón, pues andar nuevos caminos te hace olvidar el anterior. Quizás lleve razón, siempre que tengamos la oportunidad de hacer más de un periplo.
Alguien más inquisidor y con inclinaciones a sacar algo valioso de toda experiencia podría preguntarse al respecto: ¿el viaje hace al viajero, quien sólo debe entonces seguir un itinerario? ¿O es el caminante quien va completando el dibujo del recorrido y lo justifica? Me parece que las dos cosas son válidas y que pueden darse al mismo tiempo. Ese alguien podría seguir indagando: ¿toda travesía es un descubrimiento, más allá de que nos demos cuenta o no de ello? Creo que la respuesta es nuevamente afirmativa.
Ahora bien, una vez definida la partida tendremos ese complemento casi siempre inevitable como lo son las despedidas: saludos, abrazos, buenos deseos, manos abiertas agitándose, gritos de alegría, lágrimas… Con todos estos momentos y situaciones nos hemos encontrado más de una vez, las hayamos experimentado o las hayamos visto a través del cine, la fotografía, la plástica, la música, la literatura. Porque el arte siempre intentará reflejar, por un lado, y rescatar del olvido, por otro, todo aquello que vivimos y que termina siendo una excursión.
Así pues, más allá de que el viaje sea para buscar un lugar en el mundo y uno llegue a destino, el mismo siempre continúa. Porque no nos olvidemos que el viaje más importante es la vida misma.
He tenido la suerte de recorrer diversos sitios, de conocer extraños lugares, de llenar mis ojos con paisajes a donde no volveré jamás y que solo podré revisitar en las incorrectas fotos que conservo. Algunas apuntan ya como uno de los privilegiados recuerdos que me llevaré momentos antes de emprender el viaje definitivo.

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Tertulia en el Paraíso

Los ángeles más importantes han vuelto a reunirse y a deliberar. Hacía mucho que no sucedía esto. Eternos días, eternas noches.
—¿Será ya hora de que (ÉL) vuelva? —se pregunta uno, sin el menor dejo de duda.
—¿Por qué, se acerca el fin? —interroga sorprendido otro, carente de todo sentimiento de sorpresa.
—No. Pero estaría bueno. Sería como una segunda oportunidad —aporta un tercero, con total honestidad.
—¿Para quién…? —indaga un cuarto, sin ningún asomo de curiosidad.
—Para ellos, por supuesto… —afirma el segundo, careciendo de toda prepotencia.
—Para ambos… —corrige el tercero, sin ánimo de parecer imperativo.
—¿Te parece? —inquiere nuevamente el segundo, con verdadera ingenuidad.
—¿Y cómo sería eso? —intenta averiguar el cuarto, sin pretensión de inmiscuirse.
—Podríamos hacer una buena tarea. Pero esta vez… —intenta proponer el tercero, con auténtico idealismo.
—…Deberíamos hacerlo —interrumpe sin intención un quinto y evitando ser crítico. —Hace ya demasiado que sólo miramos…
Finalmente, tendremos que esperar. Porque más allá de que se ha hecho prácticamente imposible entenderse en forma racional, más allá de que las gentes de distintas creencias han empezado en cantidad más que alarmante a hacer justicia por mano propia, más allá de que la inmensa mayoría de los países ha militarizado sus fronteras y expulsado a los extranjeros, más allá de que se han vuelto a arrojar unas cuantas bombas nucleares, (ARRIBA) consideran que…
— …TODAVÍA… QUEDAN… ALGUNOS… JUSTOS…


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Hoy encontré un badén

        Me llegan como puños
los abrazos de aquellos que se quieren
y los éxitos de los que tienen suerte.
Roen mis entrañas
algunos nombres
y días de cumpleaños.
Mi primitiva sonrisa
se derrite
sabiendo que el sol de todos
a unos calienta
y a otros quema.

Es por eso que me agito
como pez fuera del agua,
es por eso que tiemblo
como si me hubieran quitado la espada.

Mientras, ella seguramente sospecha
que estoy pegado a la telaraña
de su mirada.

Así, entre sacudidas voy sin remedio
presintiendo que cada parpadeo
habrá de permitir que alguna madrugada
consiga levantarme.

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Moralejas para Marito

Vuelve de jugar a la pelota. Allá en la canchita de la vuelta del barrio, en donde está parejito y hay arcos de palos de madera y todo. Y ganaron. Por penales, pero ganaron. Y gracias a él. Porque como es gordito, siempre va al arco. Y como se hacía tarde e iban empatando –aunque no se acordaban en cuánto-, para definir un ganador decidieron aplicar la justicia de los tiros desde los doce pasos. Y ahí apareció él, el atajapenales, el dueño de la pelota. Que por otra parte es cierto, porque la pelota es suya, y casi siempre los partidos terminan cuando él se aburre de que le hagan goles o se cansa de ir a buscarla cada vez que los delanteros patachueca la tiran afuera.
Ahora está volviendo a casa, donde deberá bañarse y ya no podrá salir. Y está atravesando ese parquecito tan verde y tranquilo que decide postergar un rato el regreso y se detiene a descansar. Sí, porque fueron varios los penales que tuvo que atajar. Estaba tratando de recordar cuántos, cuando vio un hormiguero. Uno enorme, con miles de miles de grandes hormigas que iban y volvían apresuradamente. Inmediatamente imagina que es un amenazante ejército que está dispuesto a atacar. Y entonces, vuelve a aparecer el héroe y la emprende a pelotazos y luego a pisotones no tan decorosos como entusiastas contra las prolijas hileras, ya convencido de que es un general al que le han encargado la tremenda tarea bélica. Rápidamente consigue una nueva victoria y como está otra vez cansado, se recuesta en un ancho y cómodo árbol que prácticamente lo invita al reposo. Y se queda dormido. Un buen rato más tarde, se despierta asustado sintiendo pinchazos por todo su cuerpo. Las hormigas lo han invadido y están vengándose del artero ataque. Con muy poco de héroe, se levanta como puede y a los gritos y sacudiéndose sale a la carrera olvidando su pelota.
Nunca hay que dormirse en los laureles; no hay que despreciar enemigos pequeños, recordaba Mario que alguna vez le había comentado su abuela en sendos cuentos leídos, mientras seguía corriendo. Tal vez aprendería alguna de las dos lecciones.


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Un cuento de Pascua

A las diez. Tiene que estar a las diez. Porque el colectivo sale a esa hora de la estación terminal. Sí, el que lo deja cerca de su casa. Le ha tocado trabajar toda la noche y quiere llegar lo más temprano posible porque hoy es Pascua. Domingo de Pascuas, hubiera dicho su madre. Lo están esperando Marta y Miguel. No habrá comida especial porque la situación no ha sido buena últimamente. Además, este año la Semana Santa cayó a fines de mes y todavía no ha cobrado. Pero se las arreglarán. Según su mujer, ha juntado unos pesitos y le dará una pequeña sorpresa. Él no ha podido comprar ni para los tradicionales huevos.
Empieza a perderse en sus eternas cavilaciones, cuando su atención se detiene en el hombre que está sentado en el piso. Junto a una de las columnas en donde tiene la salida el micro que se toma todos los días para el regreso. Cruza en esa dirección y a medida que se acerca cree reconocer a alguien a quien no ve desde hace mucho tiempo. Un lejano compañero de la secundaria a quien le perdió el rastro y con quien supo compartir algunas pequeñas aventuras y olvidables andanzas. Sí, es él. El tiempo transcurrido no puede confundirlo. Es Aníbal Zapata, sin dudas. Tiene el cabello largo, entrecano, desprolijo. No hace demasiado frío, pero está cubierto por un sobretodo marrón claro que no disimula su falta de aseo. Ahora que se acerca puede apreciar que lleva también una barba larga y enmarañada que se pierde entre los pliegues del abrigo que lo cubre disparejamente. Ya está parado junto a él. Pregunta casi deletreando el nombre. El que está en el piso abre los ojos, levanta la cabeza y mirándolo fijamente deletrea también el nombre de quien pregunta. ¿Cómo andás? Bien…, se cruzan a modo de saludo y mutuo interés.
El colectivo se arrima al pequeño terraplén de salida y obliga al sentado a levantarse, cosa que hace sin dificultad. ¿Te recibiste de ingeniero?, pregunta mientras se sacude. Mariano no ha prestado atención al interrogante y a modo de respuesta lo invita a su casa. A comer. Hoy es Pascuas, dice como su madre, en forma ingenua y firme a la vez. Ha decidido y dicho todo de corrido. Pretende ser convincente. También sin pensar, Aníbal ha contestado que sí.
Suben juntos y se acomodan en un asiento de dos. No son muchas las palabras que intercambian mientras hacen el recorrido, pero bastan para ubicar la situación de ambos. Tanto uno como otro respetan los silencios. Ya tendrán un buen trecho de la jornada que empieza para ponerse al día con algunos detalles. Esos que aclaran más cosas y las ocultan también.
Llegan dentro del horario previsto. Cuando el dueño de casa abre la puerta lo primero que encuentra es el gesto de desconcierto de su mujer, quien, seguramente por la ventana, lo ha visto venir con compañía. Aníbal espera frente a la puerta mientras Mariano se encamina con rapidez hacia la cocina obligando a su esposa a seguirlo. Qué es esto, ha preguntado ella. Un viejo amigo que encontré en la terminal de ómnibus. Se va a quedar a comer, afirma ella conociendo a su marido. No tenemos mucho. Además, le viste la pinta. Él no contesta y vuelve a la puerta. Pasá, ella es Marta, mi esposa. Por ahí está el baño.
Ella está cocinando una salsa a la que agregará salchichas que acompañarán los fideos caseros que muy pronto estarán desparramados por la mesada. El matrimonio no ha vuelto a dirigirse palabra.
Aníbal se ha acomodado el pelo ligeramente mojado, ha ordenado un poco sus ropas, se ha lavado las manos y ahora conversa tímidamente con su anfitrión en el pequeño living comedor. Ella intenta no pensar en nada, mientras ordena los últimos detalles para terminar de preparar el almuerzo. De repente, recuerda que en la rotisería del barrio hay un sorteo presencial de un almuerzo para la ocasional fiesta. Más por salir de ese clima todavía tenso que por probar suerte, se saca el delantal, toma el numerito de arriba de la heladera, avisa que ya vuelve y se dirige con pasos rápidos al negocio de comidas.
Miguel acaba de levantarse y pregunta por su madre. Él es mi hijo, dice su padre a modo de presentación junto con el nombre. Mucho gusto señorito, saluda Aníbal inclinando la cabeza y diciendo el suyo. Tu madre vuelve enseguida, dice el padre. ¿Puedo ir hasta la librería, papá? Hay un concurso de preguntas y yo puse un montón de papelitos. Bueno, no te demorés que ya comemos. Qué linda tu familia. Nos llevamos bien, pero la situación no está muy buena. Qué te tengo que decir a vos.
Los silencios pueden más que la curiosidad y se adueñan de los minutos. La quietud es rota por la entrada de Marta quien atraviesa la puerta con un enorme paquete envuelto en papel blanco y atado cuidadosamente con cintas azules. El aroma que despide ahorra las primeras preguntas. ¡Te ganaste el sorteo! Es un cordero asado con guarnición, podés creer. Pongo la mesa y comemos. Dejamos la pasta para la noche.
Al poco rato, vuelve a abrirse la puerta y esta vez es Miguelito quien llega cargado con una canasta artesanal con cuatro enormes huevos de Pascua. Acerté todas las preguntas, papá. Fueron sacando de a una y ninguna estaba bien. Las mías fueron las primeras correctas. Los guardamos para la tarde. Y mirá, son justo cuatro.
El almuerzo se compartió con alegría creciente. La protagonista fue la comida y poco a poco fueron apareciendo algunos detalles de la vida de la visita, comentados por el dueño de casa, quien aclaraba y acomodaba el relato con referencia a años, situaciones y conclusiones.
La sobremesa fueron los mates y el merecido premio obtenido por el nene de la casa, quien recibía repetidas veces las felicitaciones por su aplicación en el conocimiento. Más allá de las cortas respuestas de Aníbal, se hicieron presentes las risas y las bromas.
El agradable clima que se había instalado es interrumpido por el sonido del timbre de calle. Es mi hermano, dice Marta, y viene con los chicos. Luego de las mutuas Felices Pascuas y las presentaciones de rigor, los primos se refugian en las piezas con la recomendación de que no hagan daño. He querido venir antes, pero no he tenido ni un huequito. Vamos para la cocina así cortamos el postre que traje y te cuento.
La dueña de casa vuelve con los platitos ya servidos, una sonrisa en la cara y la noticia de que Ángel le acaba de ofrecer un trabajo. Para que haga en casa, cariño, qué te parece…
Aníbal se levanta. No quiero molestarlos más. Les agradezco la invitación, hace mucho que no pasaba momentos como este. Pero no, quedate un rato más…, insisten a coro marido y mujer. Hoy ha sido un día con muchas alegrías y se me hace tarde… Bueno, nos vemos mañana en la estación, le dice Mariano casi con resignación. Allí estaré, asegura Aníbal. Querés llevarte algo para comer, pregunta con sinceridad la señora. No se moleste… nuevamente, muchas gracias…
Al día siguiente la espera dura más de una hora. Luego de preguntar y preguntar se sorprende que nadie lo haya visto, que nadie recuerde a su amigo, que nadie lo haya visto jamás en ese lugar.


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Un presente de Navidad

Allá por los setenta, más precisamente 1975, la Pastoral Juvenil de la Iglesia Católica de Santa Fe organizó un concurso para estudiantes secundarios. Había que escribir la letra de un villancico. El premio consistía en que conocidos intérpretes del entonces llamado rock nacional le pondrían música al elegido y lo harían famoso. En aquella ocasión, me presenté y mi modesto poema quedó preseleccionado dentro de los diez finalistas. Aquellos confusos, convulsionados, irracionales y finalmente violentos años pasaron por encima de las intenciones findeañeras y la cosa se suspendió.
De cualquier manera, esos versos y sus sueños aún perduran aguardando tal vez las notas que les permitan terminar el inconcluso camino…
Vaya pues, como un rescate, como una ilusión, como un anhelo, como una ofrenda para un presente tan de apuro.

Una estrella cruza el cielo
trayendo luz de verdad.
Un coro de ángeles canta
con dulce son de cristal.

Las campanas han sonado
con ronca voz de metal,
se han levantado las copas
todas para festejar.

¡Es el día de la vida,
del amor y de la paz,
pues un niño ha nacido
en el más pobre portal!

Que el prójimo sea hermano
de toda la humanidad,
para que así nuestro mundo
se mueva por la humildad.

Que se callen las metrallas,
no se haga ya más el mal,
que desde hoy en adelante
sea siempre Navidad.

¡Es el día de la vida,
del amor y de la paz,
pues Él ha vuelto a nacer
en el más pobre portal!

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Rescatando Letras

Un poeta y crítico francés escribió sobre esta obra que hoy aquí arrimo: “Desde el mito de Sísifo, desde Prometeo, la piedra no había vuelto a cobrar, en literatura, tan profunda dimensión metafísica”. Muchos otros dijeron que su particular estética anticipó y marcó las mejores composiciones del famoso vate trasandino que luego transcendería fronteras y generaciones.
Cuando allá por los ochenta me llevé por delante estos elogiados versos, producto de los consejos de la familia de un amigo de juventud, no pude escapar al impacto: imágenes, comparaciones, metáforas, alusiones y toda una gama de recursos que no hacían otra cosa que recrear la más vieja ambientación a la que los habitantes de este suelo indudablemente pertenecemos.

Oh lira de los huesos llena de abejas tristes de la sangre,
la mano del arpegio se cierne hasta el tañido,
demora un aleteo confuso de presagio
su mariposa abierta recóndita en mi polen,
acá, donde gajo a gajo estalla orquídeas el delirio,
acá, donde el limbo devora una a una mis luciérnagas.

CON la piedra en la frente,
el hombre cumple ciclos de soledad,
remonta una vejez inmóvil que no tiene cifra.
Donde su luz no alcanza,
el corazón oficia como ciego lúcido:
tembloroso, sonámbulo,
a tientas entre signos que soplan un nombre de tiniebla
.

Hasta la última soledad.
La que no se penetra a pesar de la acústica y cilicio,
perpetua cúspide a sí misma inaccesible,
cifra total que integra su infinito solo,
donde el acorde se realiza,
donde canta -lo escucho-,
la piedra canta un solo de eternidad y de silencio.

(FRAGMENTO DE “PIEDRA INFINITA”, de Jorge Enrique Ramponi)


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Rescatando Letras

Durante milenios se ha hablado de ella. Intentando entenderla, explicarla. Inevitable e impiadosa, nunca falla. Atrapar su sentido, su porqué, su propósito ha sido tarea de magos, sacerdotes, filósofos y poetas.
“… Oscura sombra le cubrió y en raudo vuelo descendió el alma a la región sombría…”, dijo Homero; “Pierda toda esperanza el que aquí entra”, escribió Alighieri; “… es dormir y tal vez soñar…”, nos recuerda Calderón; “… antes de que caiga el golpe…”, nos aconseja Russell. Más cerca en el tiempo, lo fuimos aprendiendo con las partidas de amores y afectos…
Conseguir decir todo eso de una manera agradable es casi una hazaña. Quizás el presente texto se acerque bastante.

REPOSO
Una tristeza del tamaño de un pájaro.
Un aro limpio, una oquedad, un siglo.
Este pasar despacio sin sonido,
esperando el gemido de lo oscuro.
Oh tú, mármol de carne soberana.
Resplandor que traspasas los encantos,
partiendo en dos la piedra derribada.
Oh sangre, oh sangre, oh ese reloj que pulsa
los cardos cuando crecen, cuando arañan
las gargantas partidas por el beso.

Oh esa luz sin espinas que acaricia
la postrer ignorancia que es la muerte.
Pasión que sueña que la muerte miente.

VICENTE ALEIXANDRE


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Rescatando Letras

Llegó a mí a través de una revista de poesía que se editaba allá por los 90. La crítica que introducía el poema no lo favorecía: por esas épocas todo lo que tuviera un toque clásico era considerado atrasado, superado, viejo. Debemos recordar que en esos años nos estábamos enterando de que nos hallábamos en pleno posmodernismo: fin de los relatos, de la historia, de los sueños y de las utopías. Aunque luego de una buena cantidad de agua pasada bajo el puente, algunos de esos decretados fenecimientos mantuvieron el interés del nuevo milenio, si bien con oportunos toquecitos verdes e índigos.
De cualquier manera, el texto rescatado resistió los pretenciosos embates del más poderoso de los enemigos, el tiempo: figura en manuales de aprendizaje del idioma inglés, inspiró temas musicales de variados estilos, aparece en una conocida película de Clint Eastwood y emerge hoy aquí.

INVICTUS

En la noche que me envuelve,
negra, como un pozo insondable,
le doy gracias a los dioses que pudieren existir,
por mi alma inconquistable.

En las garras de las circunstancias,
no he gemido, ni he llorado.
Bajo los golpes del destino,
mi cabeza ensangrentada jamás se ha postrado.

Más allá de este lugar de ira y llantos,
acecha la oscuridad con su horror,
y sin embargo la amenaza de los años me halla,
y me hallará sin temor.

No importa cuán estrecho sea el camino,
ni cuántos castigos lleve a mi espalda,
soy el amo de mi destino,
soy el capitán de mi alma.

William Arthur Henley


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No recuerdo dónde lo escuché por primera vez, pero me gustó eso de que si alguien cantaba o silbaba una de sus canciones podía sentirse tranquilo porque había cumplido. Escribía poemas, muchos de los cuales casi simultánea y paralelamente se convertían en temas folclóricos. Así, se hizo famoso por ser el letrista de muchas de las mejores composiciones de nuestra música nativa.
Estos versos que traigo hoy aquí son una muestra de su estilo, de su temática, de su compromiso como artista con un país “grande y desparejo”, pero en donde la carencia material “no le quitaba lugar al festejo”. Por eso, era “compadre de muchos” y practicaba “la ilusión del pan y el vino compartidos”.

ESPERA DEL PEDRO CHANGA
Lo soñaron jinete, carpintero,
capitán de las lluvias del verano;
de niño lo querían de oro nuevo,
minero del salar, sabio artesano.
Porque las madres juegan a la espiga,
húmedas sus canciones de milagro,
rodeando a sus niños de luciérnagas
en la tierna bandera del regazo.

No vale recordar lo adolescente,
lo que fue atravesar cañaverales
silvándose la luna que gemía
ceñida por la noche palpitante.
Fue a la Pampa en enero porque el trigo
había puesto de oro la distancia
y en marzo fue subiendo hasta las uvas
que el sol de Cuyo preña de tonadas;
después entró al maíz, Santa Fe arriba,
y desgranó sus dientes sin ganancia
cuando mayo tenía ya los ojos
amanecidos de violenta escarcha.
Julio lo vio trepar sobre los trenes
hacia el azúcar agrio de la zafra
y volverse algodón todo septiembre
con el Chaco colgado a las espaldas.

Caminos del jornal ha andado Pedro
por todos los caminos de la patria
para volver al fin ya sospechando
que hay algo en todo esto que no anda,
por más que él ponga el hombro
y que sus manos
le hayan quedado anchas como el mapa.

La desocupación junta a los hombres
en la aurora trizada de la calle,
los ordena de gris, los alinea
con una misma espina atravesada.

Cada uno está solo con los otros
buscándose cigarros y palabras
mientras se cuentan hijos y decesos
y pormenores de la mala pata.

Entonces se le ve la traza al Pedro
fumándose hasta el pucho la esperanza,
apoyado en los hombros del silencio
y buscando salidas a las ganas.

ARMANDO TEJADA GÓMEZ


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“Todo es vanidad y aflicción de espíritu”, dice un antiguo texto hebreo. Más cerca en el tiempo, poetas y filósofos han intentado confirmar la incómoda verdad de diversas maneras y con variados recursos. Cuando leí los versos que hoy aquí arrimo no pude más que estar de acuerdo con esa paciente tarea de inevitable cumplimiento a que nos obliga la frase. El título del poema hace referencia a un soberano, pero bien podría haberse llamado “Olvido”, ya que en definitiva es a lo que nos condena aquella sentencia. Volví a encontrarme con el nombre del rey algunos años después al leer la probablemente mejor novela gráfica editada, y muchos años más adelante, en el capítulo decisivo de una hoy famosa serie televisiva. En ambos casos, la alusión a la grandeza y a la caída sigue perenne.

OZYMANDIAS

Conocí a un viajero de una tierra antigua
que dijo: dos enormes piernas pétreas, sin su tronco
se yerguen en el desierto. A su lado, en la arena,
semihundido, yace un rostro hecho pedazos, cuyo ceño
y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,
cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones
las cuales aún sobreviven, grabadas en estos inertes objetos,
a las manos que las tallaron y al corazón que las alimentó.
Y en el pedestal se leen estas palabras:
«Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes,
¡contemplad mis obras, poderosos, y desesperad!».
Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia
de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas
se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas.

Percy Bysshe Shelley


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Lo leí en la página de un diario que me llegó por casualidad. Al autor le habían otorgado el Nobel de Literatura. La procedencia de un país de la entonces Europa del Este, su imagen de artista comprometido con la situación de su patria y la discusión que eso todavía generaba por aquel entonces, plena década de los ochenta, hacían más atractiva las ganas de siempre de leer.
Lejos de todo esto, la sensación de simpleza, contundencia y, sobre todo, la fortaleza del poeta para utilizar su única herramienta para plantarse e intentar rescatar un valor que concentrara el sentimiento de pertenencia, me llevaron a no olvidarlo.
El mundo ya había empezado a cambiar, como siempre, casi sin avisar. Y seguiría haciéndolo prácticamente década por década, sorprendiéndonos cada vez. Entre esos cambios, me quedó la impresión de que el arte ya no sería jamás un arma para combatir injusticias, atropellos, opresiones, sino sólo una atalaya para alzar la voz. Creo que este pequeño texto aquí salvado empezó a representar un poco eso.

Cuando contemplo Praga,
y lo hago constantemente
con el aliento entrecortado
porque la amo,
vuelvo mi mente hacia Dios,
dondequiera que esté,
más allá de la niebla sideral
o apenas detrás de ese biombo apolillado,
para agradecerle el haberme concedido
este magnífico lugar para que yo viva.
Así pues, sea despellejado vivo
quien ponga sus manos sobre esta ciudad.
No importa quién sea,
no importa cuán dulcemente
toque su flauta.

JAROSLAV SEIFERT


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Se ha dicho muchas veces que el artista es un doliente. Alguien que tiene que sufrir, padecer, haber vivido cosas extraordinarias o pasado por situaciones límite para poder reflejar todo eso en su arte. Parece que de eso se trata. Y esto más allá de que en muchas ocasiones, a veces demasiadas e injustas, la vida de esos artistas haya sido un sufrimiento, tanto físico cuanto mental o existencial. Y más allá inclusive de que esos golpes de la vida hayan provocado no pocas obras maestras. Pero en realidad, hoy sabemos que el imaginario social, si es que existe tal cosa, ha exagerado aquello que puede ser definido con un simple sintagma: tener una particular sensibilidad.
Cuando acometí la lectura de la poeta convocada hoy por el recuerdo, lo hice con ese prejuicio, con esa valoración previa. A pesar de ello, conseguí atesorar unos buenos puñados de versos en donde puede apreciarse todo ese peregrinar y sus resultados artísticos.

POEMA 3
Voces, rumores, sombras, cantos de ahogados: no sé si son signos o una tortura. Alguien demora en el jardín el paso del tiempo. Y las criaturas del otoño abandonadas al silencio.
Yo estaba predestinada a nombrar las cosas con nombres esenciales. Yo ya no existo y lo sé; lo que no sé es qué vive en lugar mío. Pierdo la razón si hablo, pierdo los años si callo. Un viento violento arrasó con todo. Y no haber podido hablar por todos aquellos que olvidaron el canto.
ALEJANDRA PIZARNIK


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Ya había leído la olvidable incitación nerudiana al nixonicidio y los poemas no amorosos de Cardenal, de moda por aquellas eras espaciales, nucleares, revoltosas y demasiado mortales. Seguía en el mundo el debate por el arte comprometido, discusión que replicábamos torpemente en el barrio con una amiga que luego rumbeó para Filosofía y Letras.
Si bien el presente escrito no es tan contemporáneo, creo que plantea el tema con un logrado equilibrio: más allá del horror, de la opresión y del atropello que forman parte ineludible de nuestra volátil existencia, no falta el lugar para lo inasible y lo perenne que, obviamente, también llevan su carga de fragilidad.

LA VELETA Y LA ANTENA
La veleta se mueve a impulso de los vientos
buscando en vano un quinto horizonte perdido.
Guía a las golondrinas, al linyera, a los sueños
que extraviaron el rumbo.
Guía a los mochileros.

La antena capta el gran rumor del mundo
y en su fino esqueleto cabe toda la historia.
Guía a los guerreros.

La fantasía es como una veleta
y es como una antena la conciencia del hombre.
Amo a las dos. Las dos en mi tejado
vibran como una rosa.

Raúl González Tuñón


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Me dedicó este texto unos días antes de terminar mi sexto año de la secundaria. Durante el transcurso de aquel ciclo final, yo la había ido impresionando con la mención de mis lecturas y con mis comentarios respecto a lo que se decía en clase. Ella me hacía un par de preguntas y con eso me alcanzaba para aprobar las lecciones orales. Obviamente, fue mi profesora de Literatura Argentina. Tardé muchos años en entender el porqué de ese poema, en darme cuenta de qué había visto en mí, qué intuyó acerca de mis posibilidades, qué quiso empujar con ese gesto. Yo, por supuesto, seguí por otro camino, aunque luego intentara una y otra vez, sin constancia ni convicción, recorrerlo. Ella sabía lo que yo ya sabía pero no había aprendido. Eso que dice aquella canción del rock nacional de los sesenta: de nada sirve escaparse de uno mismo.

LA VIDA SENCILLA

Llamar al pan el pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día,
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida,
su plenitud redonda y fugitiva;
bailar el baile sin perder el paso
y dormir junto a un cuerpo luminoso
que es sol que se extiende en una playa;
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con dientes que rechinan;
estas cuatro paredes –papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento-
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
en unos ojos descubrir el cielo,
el mismo en que de niño me perdía,
y volver a perderme en esos ojos;
saber partir el pan y repartirlo,
el pan de una verdad común a todos,
verdad de pan que a todos nos sustenta,
por cuya levadura soy un hombre,
un semejante entre mis semejantes;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos…
y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos, y del polvo.

OCTAVIO PAZ


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Rescatando Letras

Parece que el poeta no puede escapar de su tema. Esto es, mencionar, explícitamente o no, tanto el hecho de escribir cuanto la ceremonia de poetizar. La mayor parte de las veces, haciendo referencia a los sinsabores y a las alegrías del acto creativo. No se puede eludir el decir todo eso con un lenguaje especial, ese de las metáforas, de las licencias que te da el inmenso idioma, con los riesgos que te permite la imaginación y, sobre todo, con la necesidad impostergable de expresarte de alguna manera distinta y original. Más allá de que se pueda llegar a seguro puerto.
Esto fue lo que encontré cuando me tropecé por casualidad con el soneto que hoy traigo.

ORIGEN
Sé que naces, poema, porque dueles,
-nada que no fue lágrima es pasado-
ya lo saben mi frente y mi costado
y lo sabrán tus alas cuando vueles.

La sangre que remonta tus niveles
es sangre fiel que sobre mí ha girado,
la sangre del testigo desvelado
que soñó con espigas y laureles.

Cifra de amor, poema enamorado,
tu origen fue un consuelo nunca hallado
para que sin consuelo te consueles.

Bien lo saben mi frente y mi costado,
nada que no fue lágrima es pasado,
yo que sé que naciste porque dueles.

AMÉRICO CALÍ


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Cuentos de tranco corto

Había escuchado desde niña a su madre y a su abuela susurrar al respecto. Si bien algo sospechaba, mucho no entendía. Sólo cuando empezó a crecer pudo ir juntando cabos. Un buen día, creyó tener también condiciones. Y como había aprendido que siempre hay que actualizarse, se decidió. Pero pasó que con el mayor esfuerzo mágico que pudo hacer, apenas consiguió levantarla del suelo. “Son muy pesadas, es imposible volar”, se dijo.
En realidad, todavía le faltaba comprender que las aspiradoras definitivamente no tienen el eterno encanto propio de lo tradicional, y sin eso, no hay relato que resista por más renovado que sea.


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Rescatando Letras

Fue y sigue siendo para mí una muestra de poema total. Ese que abarca los matices de la existencia transformándolos en categorías que van más allá de la misma existencia. Pero intentando desentrañar de dónde vienen. A través del uso ex profeso de palabras que representan duda, incertidumbre, temor, pero también de otras que traen consigo ilusión, celebración, porvenir; por la utilización exagerada de adverbios cargando el énfasis en lo sencillo, que tantas veces se nos olvida, que demasiadas veces no vemos ni valoramos. O sea, la totalidad. La experiencia vital resumida, compendiada y sentenciada en un puñado de versos que intentan por todos lados escapar para cumplir con lo suyo.

SIGNIFICA SOMBRAS
Qué esperanza considerar, qué presagio puro,
qué definitivo beso enterrar en el corazón,
someter en los orígenes del desamparo y la inteligencia,
suave y seguro sobre las aguas eternamente turbadas?

Qué vitales, rápidas alas de un nuevo ángel de sueños
instalar en mis hombros dormidos para seguridad perpetua,
de tal manera que el camino entre las estrellas de la muerte
sea un violento vuelo comenzado desde hace muchos días y meses y siglos?

Tal vez la debilidad natural de los seres recelosos y ansiosos
busca de súbito permanencia en el tiempo y límites en la tierra,
tal vez las fatigas y las edades acumuladas implacablemente
se extienden como la ola lunar de un océano recién creado
sobre litorales y tierras angustiosamente desiertas.

Ay, que lo que soy siga existiendo y cesando de existir,
y que mi obediencia se ordene con tales condiciones de hierro
que el temblor de las muertes y de los nacimientos no conmueva
el profundo sitio que quiero reservar para mí eternamente.

Sea, pues, lo que soy, en alguna parte y en todo tiempo,
establecido y asegurado y ardiente testigo,
cuidadosamente destruyéndose y preservándose incesantemente,
evidentemente empeñado en su deber original.

PABLO NERUDA


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Rescatando Letras

Nos estábamos arrimando a ese movimiento que creía posible la paz, el amor y el consecuente entendimiento de los pueblos. Eso lo expresaba, obviamente, una juventud que con arrolladora frescura parecía que podía contra todos los poderes del mundo. Y uno de los vehículos era el arte. Específicamente, la música. Era imprescindible pues, saber qué decía. Porque esas letras estaban escritas en otro idioma. Ya habíamos hecho la experiencia con Los Beatles. Así es que, con cosquilleante curiosidad, bastante de atrevimiento y Appleton Cuyas mediante, la emprendimos con la traducción. Se había dicho que su obra era indescifrable. Lo llano del lenguaje y de los términos que encontramos, la casi nula dificultad para hallar la palabra correcta, la similitud de expresiones en nuestra propia habla, nos terminaron de confirmar lo que sospechábamos: que más allá de los acordes había poesía, una muy particular, casi escondida, pero fácil de descubrir.
En un siglo muy distinto a aquél, el reconocimiento a todo eso llegó por intermedio de un polémico y todavía prestigioso premio. La canción en su honor durante la ceremonia de entrega del galardón fue la aquí rescatada.

Oh, ¿dónde has estado, mi querido hijo de ojos azules?
¿Dónde has estado, mi joven querido?
He tropezado con la ladera de doce brumosas montañas,
he andado y me he arrastrado en seis autopistas curvadas,
he andado en medio de siete bosques sombríos,
he estado delante de una docena de océanos muertos,
me he adentrado diez mil millas en la boca de un cementerio;
y es dura, es dura, es dura, es muy dura,
es muy dura la lluvia que va a caer.

Oh, ¿y qué viste, mi hijo de ojos azules?
Oh, ¿qué viste, mi joven querido?
Vi lobos salvajes alrededor de un recién nacido,
vi una autopista de diamantes que nadie usaba,
vi una rama negra goteando sangre todavía fresca,
vi una habitación llena de hombres cuyos martillos sangraban,
vi una blanca escalera cubierta de agua,
vi diez mil oradores cuyas lenguas estaban rotas,
vi pistolas y espadas en manos de niños;
y es dura, es dura, es dura, y es muy dura,
es muy dura la lluvia que va a caer.

¿Y qué oíste, mi hijo de ojos azules?
¿Y qué oíste, mi joven querido?
Oí el sonido de un trueno, que rugió sin aviso,
oí el bramar de una ola que pudiera anegar el mundo entero,
oí cien tamborileros cuyas manos ardían,
oí diez mil susurros y nadie escuchando,
oí a una persona morir de hambre, oí a mucha gente reír,
oí la canción de un poeta que moría en la cuneta,
oí el sonido de un payaso que lloraba en el callejón;
y es dura, es dura, es dura, es muy dura,
es dura la lluvia que va a caer.

Oh, ¿a quién encontraste, mi hijo de ojos azules?
¿Y a quién encontraste, mi joven querido?
Encontré un niño pequeño junto a un poni muerto,
encontré un hombre blanco que paseaba un perro negro,
encontré una mujer joven cuyo cuerpo estaba ardiendo,
encontré a una chica que me dio un arco iris,
encontré a un hombre que estaba herido de amor,
encontré a otro, que estaba herido de odio;
y es dura, es dura, es dura, es muy dura,
es muy dura la lluvia que va a caer.

¿Y ahora qué harás, mi hijo preferido?
¿Y ahora qué harás, mi joven querido?

Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer,
caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro,
donde la gente es mucha y sus manos están vacías,
donde el veneno contamina sus aguas,
donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión,
y la cara del verdugo está siempre bien escondida,
donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas,
donde el negro es el color, y ninguno el número,
y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré,
y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo,
luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme,
pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla;
y es dura, es dura, es dura, es muy dura,
es muy dura la lluvia que va a caer.

BOB DYLAN


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Cuentos de tranco corto

Ha sacado la silla al patio. Su padre, quietecito en ella, se ha dejado llevar. Es ya más de medianoche y el clima es aún agradable.
—Fijate allá —dice señalando con el dedo hacia arriba—. Está Canopo. Venus es la que asoma detrás de la precordillera. Betelgoso es la de acá a la derecha. Sirio es la grande de al lado. ¿Te acordás?
El silencio que sigue permite apreciar mejor el espectáculo. La pasión compartida por las estrellas y por el misterio de la vida en el universo. De pronto, la quietud se interrumpe con un ronco murmullo.
—¡Mirá, mirá!… Algo se mueve… ¡Es un ovni, es un ovni!… ¡Viste, me vienen a buscar…!
Iba a recordarle que él mismo le había enseñado de niño que eran satélites, pero se limita a responderle:
—Está pasando de largo… Tal vez mañana, papá… Entremos, que se está poniendo frío…


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Rescatando Letras

Apareció en el ya extinto Diario Mendoza. Para ser más preciso, en el suplemento cultural en formato sábana que se publicaba los domingos. Muchos de los contenidos allí albergados eran comentarios de las juntadas que se hacían en el bar con billares ubicado enfrente de ese matutino. Todo un ámbito bohemio que compartía con otros cafés cercanos y el de la calle Córdoba y San Martín. Lugares frecuentados por viejos periodistas y jóvenes poetas de aquellos lejanos días. Esos vates que parecía que improvisaban con pomposos recitados, y en realidad estaban plagiando de la forma más arriesgada e impune: confiando en que la totalidad de los concurrentes no hubiera realmente leído todo lo que decían haber leído.
Volviendo al escrito que hoy le quito al penumbroso desdén de la memoria, diré que me impactó esa forma de transmitir una sensación muy común a todo hombre en su condición de padre: el miedo. Pero activado aquí por el filtro producto de la hermandad de lo poético con lo filosófico.

SI MI HIJA ME PREGUNTASE…

Si mi hija me preguntase
por el sentido de la ilusión,
yo le contestaría que el hombre tiene
vocación de pájaro.
Si buscara el rumbo del viento,
yo le hablaría de los peregrinos.
Y si alguna vez
descubriera la tristeza
en la estrella de la mañana,
yo guardaría silencio por un día.

Si mi hija viera amor
en los cuatro puntos cardinales,
le abriría yo los ojos al dolor que crece en todas partes.
Si fuese lastimada tan sólo por una soledad,
le contaría la historia de los olvidados.
Y luego,
si llorase por los males del mundo,
yo guardaría silencio por un día.

Si mi hija viera sólo el odio,
si no tuviera el asombro de ver brotar el amor
en los cuatro puntos cardinales,
si no me viese reflejado en cada hombre,
si en cada mujer no recordase su madre,
yo guardaría silencio por un día.

Pero,
si perdiera la fe,
si a pesar de todo no guardara una ilusión,
si se le escapara el viento y no desesperara,
si en la estrella de la mañana
no encontrase la tristeza,
gravemente
yo guardaría silencio por dos días.

CARLOS LEVY


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Rescatando Letras

Fue el segundo poema que recuerdo dediqué. Manuscrito y ensobrado. En este caso, ya era un poco más grandecito que en la similar ocasión anterior. De la destinataria sólo diré que coincidentemente llevaba el mismo nombre que la primera y que tenía unos pocos años menos que yo. La mencionada pieza literaria se encontraba perdida en una destartalada antología destinada al olvido. Mi urgencia la transformó así nuevamente en una luminosa arma lírica. Muchos han afirmado que este es el hado que hace danzar las cosas del arte, del que no pueden escapar quienes no tienen más remedio que llevar adelante la insegura tarea. Cosa que quedó confirmada por el resultado de la susodicha dedicatoria.

Como un río que empezara
a amar su viaje,
un día te encontraste
desvestida en mis brazos.

Y sólo pensé entonces
en cubrirte de follaje,
de manos desnudas y de hojas
para que no tuvieses frío.

Pues yo no podía amarte
sino a través de tus aguas vivas,
cuerpo de mujer un instante
suspendido entre mis dedos.
¿Y podría yo haber puesto
sobre tantas piedras cálidas
una mirada que no fuese
más que un puro deseo?

Virgen respondes mejor
a la oscura sentencia
que mi corazón hace pesar
dulcemente en tu corazón.

Y si siento el tormento
de tu metamorfosis
es porque necesito amar
a tu amor antes que a ti.

RENÉ-GUY CADOU


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Cuentos de tranco corto

En el camino de regreso a casa, vi un arcoíris. Acababa de llover, las nubes se retiraban lentamente y el sol se apuraba en ocupar las pocas horas que le quedaban. Apenas llegué, olvidé de comentarlo. En medio de la intrascendente charla, alguien me pregunta si he visto lo que ha sucedido por la tarde. Digo que sí y sumo varios calificativos elogiosos, sólo separados por comas. Rápidamente, comienzan a increparme. ¡Cómo podía estar de acuerdo con esa barbaridad, con esa sarta de insensateces! Sorprendido, creo no haber sido claro y busco otras palabras, otras expresiones. Tal vez, he sonado muy pueril, muy inocente, muy ingenuo… ¡Sos un insensible! ¡Qué intolerante!, continúan espetándome.
Tardé en darme cuenta de que no estábamos refiriéndonos a lo mismo.


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Rescatando Letras

Aprendimos, en lejanas jornadas escolares, que la literatura no permite las repeticiones. Salvo que se usen algunas de las licencias poéticas, en donde eso está admitido, no es de buenos autores utilizar las mismas palabras para decir lo mismo. Porque eso habla de pobreza de recursos, de escasez de vocabulario.
El caso que aquí os traigo es uno de los buenos ejemplos de lo contrario. Se trata de un poema y fue rescatado para mí primero por la música. Del álbum escuchado hasta el hartazgo de un conocido y eterno juglar. Ni el soneto ni el autor del mismo habían sido invitados a darse una vueltita por el colegio. El poeta ni siquiera figuraba en el bendito Manual de Literatura Hispanoamericana.

Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y de cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!

MIGUEL HERNÁNDEZ


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Rescatando Letras

El poema estaba en el Manual de Literatura Hispanoamericana. A principios de aquel año, mientras hojeaba curioso el ejemplar en la biblioteca del colegio, me había parecido una pequeña joya. Uno de esos escritos que dicen mucho con escasas y precisas palabras. Con el correr de las semanas, fui esperando seguro. Pero al autor sólo se lo mencionó como representante de una variada generación de escritores que renovaron la forma de la poesía a principios del siglo pasado. Por supuesto, al texto no lo leímos ni mucho menos comentamos.
Casi por capricho o tal vez como una muestra de rebeldía, decidí aprenderlo de memoria. Y tan sólo con ese soporte, lo traigo hoy hasta aquí.

FE MÍA

No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.

PEDRO SALINAS


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Rescatando Letras

Al tema lo escuché miles de veces. Y creo no exagerar. La letra se me fue quedando grabada con las primeras audiciones, aunque cuando intentaba cantarla cambiara en más de una oportunidad el orden de los versos. Algunas veces, la tarareaba siguiendo la melodía; otras, ponía énfasis en esas palabras que encajaban con un determinado acorde de la guitarra rítmica, o en esa otra que lo hacía con el tempo justo del bajo. Por supuesto, llegó un día en que dejé de prestarle atención para ya no escucharlo más.
Por esas épocas, que coincidían con mi aprendizaje escolar, supe de los poetas simbolistas, los parnasianos, los malditos. De la generación beat me enteré en los cafés que se ponían bohemios de noche en la ciudad. No muchos se animaban a comparar las letras del rock, especialmente el llamado nacional, con escritos de mayor categoría. Con todo eso mezclado, no dudé en despegar de aquella canción el texto de los sonidos e incorporarlo a mi ansiosa e incompleta antología poética.
Permítaseme pues hoy este amable regreso.

LOS LIBROS DE LA BUENA MEMORIA
El vino entibia sueños al jadear
desde su boca de verdeado dulzor,
y entre los libros de la buena memoria
se queda oyendo como un ciego frente al mar.
Mi voz le llegará, mi boca también.
Tal vez le confiaré
que eras el vestigio del futuro.
Rojas y verdes luces del amor
prestidigitan bajo un halo de rouge.
¿Qué sombra extraña te ocultó de mi guiño
que nunca oíste la hojarasca crepitar?
Pues, yo te escribiré, yo te haré llorar.
Mi boca besará
toda la ternura de tu acuario.
Mas si la luna enrojeciera en sed
o las impalas recorrieran tu estante
¿no volverías a triunfar en tu alma?
Yo sé que harías largos viajes por llegar.
Parado, estoy aquí esperándote.
Todo se oscureció.
Ya no sé si el mar descansará.
¿Habrá crecido un tallo en el nogal?
¿La luz habrá tiznado gente sin fe?
Esta botella se ha vaciado tan bien
que ni los sueños se cobijan del rumor.
Licor, no vuelvas ya, deja de reír.
No es necesario más.
Ya se ven los tigres en la lluvia.

LUIS ALBERTO SPINETTA


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Rescatando Letras

Según recuerdo, fue el primer poema que dediqué. El libro en donde se encontraba este escrito me fue prestado por un amigo, con quien compartíamos gustos por cierto tipo de música y por el ajedrez. La destinataria tenía los mismos pocos años que yo y no dudo que haya entendido la intención. La mía, por supuesto. Más allá del atrevimiento, por aquellos lejanísimos tiempos las hazañas se medían en paseos de la mano. Los besos pertenecían a otra categoría.
Con el inevitable fluir de la existencia, el autor volvió a aparecer en mi camino y ya no me pareció tan íntimo, tan impactante. Y esto no se debió a que ya se había empezado a diseccionar la literatura bajo la lupa de la feroz crítica deconstructivista. De cualquier manera, hoy el entonces frustrado recurso transformado en un lugar común intentará aquí vanamente repetir aquel perdido destello.

Si nuestro amor es lo que es
es porque ha franqueado sus límites

Quería pasar bajo la cerca
como una serpiente, y ganar el aire
como un ave, y ganar la onda
como un pez, y ganar el tiempo.
Ganar la vida contra la muerte
y perpetuar el universo.

Tú me murmuraste perfección,
yo te susurré armonía.
Cuando nos abrazamos
se alzó un gran silencio.
Nuestra desnudez delirante
nos hizo súbitamente comprenderlo todo.
Pase lo que pase, soñamos;
pase lo que pase viviremos.

Tiendes tu frente como un camino
en el que nada me hace vacilar.
El sol se funde en él gota a gota;
paso a paso, recupero las fuerzas.

Nuevas razones para amar
y el mundo bajo su corteza
me ofrecen su savia conjugada
al largo riachuelo de nuestros besos.

PAUL ÉLUARD


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Cuentos de tranco corto

AMBAS RAZONES

Se encuentran en un pasillo no muy luminoso de la Facultad de Humanidades. Ya con varios años de idas y vueltas por aulas, salones y auditorios, la filosofía se atreve a decirle a la gramática:
—A vos no te queda más remedio que conjugar en tres tiempos. Yo puedo hacerlo sólo en uno, ya que el presente simple está formado por un imperfecto pasado y un perfecto futuro.
—Tenés razón. Pero yo no estoy atrapada por la vida, sino por la necesidad de decir que se está vivo, que se estuvo vivo y que se quiere seguir vivo.


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Rescatando Letras

Apenas lo vi, quedé obligado a leerlo. Fue en una sala de espera de una óptica. Hasta allí había ido a probarme los primeros adminículos que corregirían mi visión: unos modernos lentes de contacto blandos. La única decoración de ese lugar era un afiche pegado a un panel colgado finalmente de la pared. Podía verse ahí un básico paisaje formado por un horizonte disparejo por donde asomaba un tímido sol. Todo en tonos muy leves: imperaban el amarillo, el naranja claro y un rojo apagado y lo necesariamente intenso. Sobre esa escueta pintura, estaba el poema. En una fuerte letra de palo seco. Lo leí una vez y me pareció “bonito”. Como seguía esperando mi turno, volví a leerlo. Y una y otra vez. Tantas que lo terminé memorizando. Aquel día salí viendo mucho mejor y con un suvenir para el espíritu.
Un gran poeta dijo una vez refiriéndose a un famoso poema que era un texto “pedestre y santurrón”. Salvando las distancias creo que este es el caso. Pero por alguna aún más oculta razón que la evidente, seguí conservándolo todos estos años. Todavía lo tengo escrito con mi primera Olivetti portátil en un papel más amarillo que el fondo de aquel lejano afiche.
Aquí tenéis pues, lectores, un escrito recordado con benevolencia y que habla de las cosas en las que algunos necesitan creer.

Yo creo que por cada gota de lluvia que cae
crece una flor.
Yo creo que en algún lugar de la noche más oscura
una vela titila.
Yo creo que por cada uno que yerra el sendero
alguien vendrá para indicárselo.
Yo creo que a través de la tormenta
la más pequeña plegaria aún podrá oírse.
Yo creo que alguien en el gran infinito
escucha todas las palabras.
Cada vez que oigo el llanto de un recién nacido
o toco una hoja
o veo el cielo,
entonces sé por qué
yo creo.

E. DRAKE


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Rescatando Letras

Alguien afirmó por ahí que no existen los buenos poetas, sólo los buenos poemas, cuestión que comparto bastante y que tal vez pueda hacerse extensiva a otros géneros artísticos. Como también dijo ese alguien, creo ser antes que escritor un buen lector. Esta arbitraria sentencia servirá para ir rescatando en este espacio variadas obras literarias que fueron atrapando mi curiosidad, mi admiración y mi respeto a lo largo de demasiados años. Esos que afortunadamente continúan todavía haciendo su trabajo. Y los fui guardando por alguna buena razón, que después de tanta agua bajo el puente sigue conservando su vigencia. Espero que los lectores puedan, gracias a su generosa complicidad y más allá de mis caprichosas justificaciones, compartir el mero gozo estético.
No recuerdo cuándo ni dónde lo leí por primera vez. Sospecho algo, pero no quiero perderme en los vericuetos en que ya hace tiempo ha empezado a enredarme la memoria. Sólo sé que en aquella oportunidad la impresión fue instantánea. A pesar de haber leído y escuchado posteriormente numerosas versiones, en su idioma original y en traducciones más o menos logradas, ese texto perdura aún con su luminoso primer momento medio siglo después. Más allá inclusive de que hoy lo considere sólo un encomiable intento por atrapar la inasible volatilidad de la existencia.
Diré que el título está en latín y significa algo así como la suma de los deseos, o lo que debe desearse.

DESIDERATA
Vive plácidamente entre la premura y el bullicio, y ten presente la paz que puedas hallar en el silencio. Hasta donde te sea posible hacerlo sin capitular, vive en buenas relaciones con todos. Expresa serena y claramente lo que tengas por verdad, y presta oído a los demás, incluso a los necios y a los ignorantes, que también ellos tienen algo que decir.
Evita el trato con las personas ostentosas e imperativas, que conturban el espíritu. Si das en compararte con los demás, podrías amargarte o envanecerte, pues siempre encontrarás personas que valen más que tú, así como otras que son menos. Disfruta de tus logros como de tus proyectos.
Que el interés por tu carrera, aunque sea muy humilde, se mantenga vivo; en los vaivenes que el tiempo obra en la fortuna, tu carrera es un verdadero tesoro. Procede con cautela en los negocios, pues en el mundo abunda el engaño; pero que ello no te ciegue a sus virtudes. Muchos son los que persiguen nobles ideales, y en todas partes la vida es rica en hechos heroicos.
Muéstrate tal como eres. Sobre todo, no finjas el afecto que no sientas. Tampoco mires el amor con cinismo, pues contra toda manifestación de aridez y desencanto, el amor posee la perennidad de la hierba.
Atiende gustosamente a lo que te dice el paso de los años y renuncia con gracia a los goces propios de la juventud. Cultiva un ánimo esforzado que te escude contra la adversidad, por repentina que sea. Pero no perturbes tu espíritu con fantasías. Abundan los temores hijos de la soledad y la fatiga. Acompaña la saludable disciplina con la dulzura para contigo mismo.
Al igual que los árboles y las estrellas, tú también eres una de las criaturas del Universo, tienes derecho a estar aquí. Y aunque no te lo parezca, es indudable que el Universo se desarrolla como ha de hacerlo.
Por tanto, vive en paz con Dios, sea cualquiera la forma como lo concibas; y cualesquiera que sean tus tareas y tus aspiraciones, consérvate en paz con tu alma en la turbulenta confusión de la existencia.
El mundo, a pesar de todas sus simulaciones, de su tráfago y sus sueños frustrados, es hermoso. Sé prudente. Esfuérzate en ser dichoso.
MAX EHRMANN (1872-1945)
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Cuentos de tranco corto

DOBLE ASESINO

Se llama Nicotiana tabacum. Durante su vida soporta el ataque de una bacteria que parasita sus hojas destruyéndolas. Cada vez que esto ocurre, disuelve las propias células afectadas, las cuales comienzan a secretar unos jugos ácidos y tóxicos, consiguiendo así eliminar a los atrevidos microbios. Sana ya la planta de tabaco estará lista para convertirse en cigarrillos. Estará lista para seguir matando.


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Cuentos de tranco corto

Descontrol meteorológico

Se corta la luz. La brisa se transforma en vendaval; los relámpagos, en rayos; las gotas, en torrente. Se convierte todo en tempestad. De repente un temblor; sin aviso, nos sacude un terremoto. Inevitable, llegan la quietud, la calma, la tranquilidad. Ha vuelto la luz. Ella me abraza y yo la beso. Quedamos en volvernos a ver.


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Cuentos de tranco corto

Nueva apropiación de un oficio

Aunque no lo ha decidido, se encuentra alejado de la realidad. Esto le ha permitido irse acercando más a ella. Probablemente, desempeña alguna tarea monótona detrás de un escritorio. Quizás, esté al frente de una clase llena de escasos jóvenes entusiastas. Tal vez, organiza carpetas que ya nadie recuerda haber archivado en esa computadora. Está también lejos de las mayorías: su compromiso es conocido y valorado por muy pocos. Continúa pues, convertido en todo un poeta.


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Cuentos de tranco corto

INFORME DEL TRÁNSITO

La circulación se encuentra casi interrumpida. La arteria está obstruida. Estas cosas suceden siempre que se está por hacer algo importante. Pero, sólo queda esperar, tener algo de paciencia… Ya estamos un poco más adelante. Unas páginas más adelante en el libro. En el capítulo destinado a la arterioesclerosis. En el apartado de la técnica del estent.


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Cuentos de tranco corto

ESE VIEJO COMPLEJO

Lector, soy el futuro microrrelato que se encuentra escribiendo Julio Cartei. Le reclamé ya varias veces que estoy para cuento o inclusive para novela. Y él no, insiste en que mínimo, escueto, preciso, redondeado y pulido queda bien. No entiendo mucho del tema y veo que alguno de los otros que ya fueron terminados está contento así. Tal vez usted pueda decirle algo, pueda convencerlo, porque me tiene a las vueltas. Y ya voy viendo que terminaré en la papelera. Insisto, creo que lo mío es otra cosa. Si no, no me quedará más remedio que transitar otro camino. Ah, el título que ha elegido para el texto es “Pretenciosa autoestima”.


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Casi vendimia

Esta tarde de febrero
ha decidido demorarse
acariciando mi patio.
El horno olvidado
me trae caprichosamente
el sabor húmedo de un lejano pan.
(Sentada aquí mismo, Madre confiaba
sin dudar que no faltara).
Prepotente, una brisa zamarrea
algunas hojas del parral
y va empujando esta tibieza.
(Sentado aquí mismo, Padre leía
los eternos desórdenes del mundo).
Con puntualidad, han llamado a la puerta.
Mis ojos se abren
y los racimos vigorosos
me imponen su morado.
Mientras levanto la copa
y consigo un generoso trago,
me voy animando
a la chispa del saludo nuevo.

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Cuentos de tranco corto

ENGAÑOSA MARAVILLA NARRATIVA

Hace una pausa, levanta la vista y piensa: “Esas reiteraciones, esas vueltas atrás en el relato son tan sorprendentes. Una clara muestra de maestría, una modernísima técnica muy bien utilizada. ¿Hacia dónde irá la historia? ¿Cuál será el desenlace?”.
Más allá de que la numeración era correlativa, la obnubilación impidió a nuestro impresionado lector percibir el error en el armado del libro: las páginas 104, 107 y 110 estaban repetidas.


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Cuentos de tranco corto

PARTICULAR DISPAREJA

Pasa el tiempo y ella no envejece. Él cada vez se ve de más edad, pero sigue sumando años. Ella no registra fortuna; él siempre vivió más que cómodamente. Ella tiene en todo momento amigos jóvenes, aunque luego decidan irse. Él mantiene las amistades de su lejana juventud, que resisten como él. Comparten mesa, cama, pero no biblioteca. Las comadres murmuraron desde un principio que no durarían mucho. Ella se terminará cansando o él no tardará en morir, decían siglo tras siglo. No sabremos nunca si se aman, pero sí que se necesitan. Ella, La Eterna Revolución; él, El Orden Conservador.


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Estaciones del amor

PARA VERANO

El viejo y gordo sol
apunta sus finos tallos
y va despertando
los frutos dormidos.
Los colores salpican de risas
las flores y los vestidos.
Pesa ya el aire que me rodea.
El estío,
huésped incómodo,
se va acomodando tranquilo.
Llamearán sin permiso las tardes
e irán aconsejando
las ansias mías.
Empujará mi sed
este naranja cruel.
Obligado y aturdido,
reclamaré
el amparo de tu sombra
para dar alivio
a este doble ardor.


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Cuentos de tranco corto

CONFIANZA TECNOLÓGICA

Se acerca fin de año. Miro la heladera y veo pegados los papelitos y los imanes. Allí conviven desde hace mucho viejas tareas cotidianas, mis metas, mis objetivos. Escritos con convicción y firmeza. Se me frunce el ceño al comprobar que todavía siguen pendientes. Miro el calendario y aparece la sonrisa en mi cara. Ahora sí lo lograré. Ahora sí alcanzaré mis queridos sueños. En pocos días más llega el último modelo que me he comprado, el que funciona como un avión: el refrigerador Plus X Plus. Y viene con unos coloridos adhesivos para colocar en la puerta. No me puede fallar esta vez.


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Cuentos de tranco corto

AMOR GENTILICIO

Ella entró en el gimnasio justo en el momento en que él levantaba una pesa rusa. Ella tenía todo el encanto de una muñeca rusa. Él se animó y la invitó a pasear: rieron juntos en la montaña rusa. Él le propuso compartir la cena: comieron ensalada rusa y crema rusa. Ella lo llevó a su casa: su familia era de la mafia rusa. Él supo que algún día tendría que cerrar el ciclo jugando a la ruleta rusa.


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Cuentos de tranco corto

GODOFREDO SILVA, DIPUTADO FUERA DE LA LEY

El desafuero es un hecho. La cámara no puede tolerar tamaño comportamiento. Un cuerpo colegiado basa su funcionamiento en la cooperación, en el trabajo conjunto y coordinado. Sobre todo si la finalidad es beneficiar a millones. Personas que esperan que esas virtudes sean permanentes y firmes, fundamento de la credibilidad, esa imprescindible condición para todo lo que se parezca a civilización.
Por eso, la insostenible conducta de presentar en un año más de cincuenta proyectos de ley reformando sistemas impositivos, definiendo promociones productivas con un criterio federal, asegurando y mejorando los fondos previsionales, reduciendo el gasto burocrático, planificando un modelo educativo para el cambiante futuro, y otros etcéteras que todavía están en la lista de ingresos de la mesa de entradas respectiva, será sancionada con un castigo acorde al injustificable desvío.
Se asegura que el quórum será total y la votación unánime.


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¿Adónde vas Las Heras?

Un puñado de distritos desparrama por el mapa
gente amontonada por aquí y separada por allá,
demasiado cerca de las aguas ciegas,
demasiado lejos de esa vieja y famosa piedra.
Con el orgullo del pasado histórico
junto a la olvidada grandeza de una patria.
Con la gloria del nombre, gigante por las armas,
y la miseria de balas que deja chicos a mitad de camino.
Persistencia en la vergüenza del alimento que falta
y el polvo ese que sobra.
Generosidad de un paisaje que se aventura al mundo,
pasión pintada en una camiseta
o cantada en pasos tropicales.
Y los repetidos reclamos a un arcángel luchador.
¿Dónde irán todos esos caminares
que se perpetúan en ilusiones?
¿En qué lugar terminarán tantas miradas
que piden o preguntan?
No hay merecimiento en seguir sumergidos
en el círculo de la digna y paciente resignación.
No quiero compartir ese pesar.
Quiero ver surgir el brillo entre la bruma.


BUSCANDO OTRO ESLABÓN

La tecnología
nos está llevando a perder el camino,
repiten muchos por ahí.
El brillo del avance nos deslumbra,
pero no nos alumbra…, dicen
los más iluminados.
¿Entonces, hay que volver
al culto a lo raigal, a lo solar, a la tierra?
se preguntan otros.
Algunos sostienen todavía que hoy el problema
es la pérdida de la identidad:
esa aburrida y eterna preocupación por el ser.

Hay días en que el hastío junta todo esto
y me hace parecer que este extravío,
esa idolatría y aquella técnica
han puesto el dominio de lo ético
en postergado lugar,
en sitio oculto,
en donde se esconde aún
una vanidad demasiado humana.

Así, ya no debería alcanzar con preguntar
quién soy ni de dónde vengo sino qué hago.
Pensar y sentir el comportamiento con el otro.
El afán empezaría pues en ver
que sí hay cada vez más cosas
nuevas para entender bajo el sol
que cosas viejas sobre el cielo
para conocer y saber.

Sobre qué sería la poesía

“Poesía… eres tú”, define desde un marcado y preciso romanticismo la Rima XXI. Aunque durante siglos y en diversas culturas no aparece en forma explícita el incómodo interrogante que nos convoca, han pasado muchos versos bajo el puente desde Bécquer. Y nos seguimos haciendo la pregunta al respecto: los que no leen, los que leemos y, por supuesto, los que escribimos. Esto más allá de la afirmación de Matta, que sostenía que la poesía da las respuestas a las preguntas que no nos hacemos.
Así y todo, los críticos y especialistas siguen firmes indagando no sólo qué cosa es o para qué sirve la poesía sino cuál sería su función.
Antonio Machado a su manera ya adelantaba algo cuando desde “Proverbios y cantares” aseguraba que las coplas debían terminar siendo cantadas por el pueblo; que esa era la gloria del poeta. Concepto coincidente con el de nuestro Tejada Gómez que sentía que había cumplido con su deber cuando escuchaba en la voz de algún paisano una de sus canciones.
Y aquí aparece un elemento distintivo: el de la época. A la preguntita susodicha –y también a la contestación- no le queda más remedio que estar atada a determinado contexto, a puntuales demandas y necesidades. Se vean claramente o no. No se puede escapar de ellas porque es la presente contemporaneidad, el lugarcito del entorno, el cual siempre es condicionante. Las urgencias de los tiempos van dando formas a las experiencias humanas. Entre ellas el arte. Entre ellas, la poesía.
Pero más allá de esta interrogación retórica, de esta indagatoria recurrente, de la enorme cantidad de poetas, ensayistas y escritores de diversa geografía que se han acercado al tema, me gustaría convocar aquí a nuestro Ricardo Tudela, y a uno de sus libros de ensayos, “Ventanales de la conciencia humana”, pues allí desarrolló un concepto más que original. Por supuesto, destino inevitable, sus escritos estuvieron también atrapados por el momento que se vivía, por los reclamos de una realidad que ya entonces se hacía acuciante. Por eso creía en recuperar la espiritualidad que permitiera la salvación del hombre. Y ahí aparecía con todo su esplendor esa particular epifanía a la que él recurría para tal fin: la función salvífica de la poesía. Podrá parecernos más o menos idealista, más o menos práctico y posible de llevar a cabo, pero era el resultado casi desesperado de una búsqueda más que necesaria.
Intentando cerrar el siempre abierto tema, oigamos el consejo de León Felipe:

Deshaced ese verso.
Quitadle los caireles de la rima,
el metro, la cadencia
y hasta la idea misma.
Aventad las palabras,
y si después queda algo todavía,
eso
será la poesía.

Sigamos pues escribiendo poesía. Ya sean un gozo cotidiano, las alegrías pasajeras, el sufrimiento, las injusticias y la ilusión insegura de lo porvenir quienes la muevan. Porque al parecer, eso es lo que husmea siempre la poesía. Con esos elementos nutre su condición y justifica su existencia, escamoteándonos la respuesta que buscamos, para volvernos a dejar con la incertidumbre.

Poesía en cal y arena

“La poesía no sirve para nada”, dijo en una oportunidad el español Pedro Salinas.
El portugués José Saramago aseguró en una entrevista acerca de la ineficacia de la literatura, dentro de la cual entraría en primer lugar la poesía.
“La poesía es indispensable, pero me gustaría saber para qué”, se despachó Jean Cocteau.
El gran Gustave Flaubert afirmó en su momento que “la poesía es inútil y completamente pasada de moda”.
Por su parte, el polaco Witold Gombrowicz escribió un ensayo cuyo título no deja dudas al respecto: “Contra los poetas”, donde expresa claramente la inutilidad de su producto, la poesía.
Si a esto le sumamos las declaraciones de reconocidos críticos y ensayistas de todos los tiempos repitiendo recurrentemente que la poesía se ha ido empobreciendo y que tiende a desaparecer; que ya no se lee en general y menos poesía; que mientras más se escribe poesía, más difícil se hace decir o precisar qué es, completamos un panorama no muy halagüeño ni estimulante.
Afortunadamente, haciendo un poco de memoria, Bécquer nos empieza a dejar tranquilos en su famosa Rima IV, cuando asegura “siempre habrá poesía”. También cuando descubrimos que hoy se sigue escribiendo y se sigue publicando más que nunca y que continúa viva ocultándose sin pedir permiso en las letras de algunos géneros de la canción popular y del fenómeno rock y muchos de sus descendientes musicales, culminando con el golpe más contundente a favor con el Nobel a Bob Dylan. Seguimos sumando optimismo: persisten viejos y aparecen nuevos formatos y se miran con otros ojos, nuevos y no tan nuevos espacios (slam poetry, redes sociales, foros, blogs, los talleres, recitales, cafés literarios, concursos). Recordamos otros buenos datos: en nuestro país tuvimos un “Diario de Poesía” por más de veintiséis años con llamativas tiradas de publicación mensual.
Podemos así concluir que a pesar de todas las dificultades o tal vez gracias a ellas, se sigue escribiendo poesía.
Por esa razón permítanme como despedida aportar una personal visión al respecto: Sé que la poesía no sirve para nada, pero muchas veces nos recuerda todo lo humano que demasiadas veces olvidamos.

Me animo a recomendar

Marzo es el mes de la poesía. Traigo pues un texto sobre ella. Aguardando que sepan disimular el atrevimiento, empezaré por lo más seguro: recurriré a los escritos de otros. Sabiendo que cualquier lista es y será arbitraria, la elección sin embargo tiene su motivo.
El primero es ya un clásico: dicen que una de ellas está dirigida a vos, si te dedicás a este menester de lidiar con versos. Me estoy refiriendo a “Cartas a un joven poeta” de Rainer Maria Rilke. Vale la pena darse una vueltita; es de ágil lectura y sin lugar a dudas vas a encontrar la tuya.
La segunda sugerencia es una novela corta: “De dioses, hombrecitos y policías” de Humberto Costantini. La trama se desenvuelve en una época triste y violenta de nuestra historia, pero la poesía atraviesa todo el relato. Está en clave paródica, por lo que seguro los que escribimos poesía nos veremos algo reflejados. Puede despacharse en una tarde/noche y, afortunadamente, las baladas y las odas se salvan.
El tercero a rescatar, una especie de manual: “Método fácil y rápido para ser poeta” de Jaime Jaramillo Escobar. Aunque el título suene humorístico, los capítulos son como una guía bastante completa del camino de todo juglar que se precie. Además, está lleno de frases, adagios y sentencias antológicas. Una de ellas resume el espíritu del libro: “El respeto por los grandes poetas es tanto que la gente ni se atreve a leerlos”.

LOS QUE DUDAMOS

Cree la gente que el poeta
revuelve un montón de letras,
ordenando un desorden,
y consigue rescatar sonidos,
mostrar bellezas,
ocultar fealdades,
buscar verdades,
desenmascarar mentiras…
Cuando en realidad
lo que intenta hallar
es un poco de luz
o nuevos misterios.

Cree la gente que el poeta
está obligado a contar épicas historias.
Cuando en realidad
debe desmantelar
toda presunción de certeza,
para que el poema
sea diferente de todo el mundo
que lo rodea.
Más allá de que ese naciente verso
aparezca enmascarado en lo cotidiano
o que simule haber atrapado
eso que casi siempre
se le termina escapando.

Poesía y ciencia

Suena como un poema. Ese enunciado suena como un poema. Lo leemos, lo escuchamos y no entendemos totalmente lo que dice; pero nos suena a poético. Sabemos que es una ley universal. Sabemos que convirtió al científico que la formuló en un genio. El más grande hombre de ciencia de la historia. Y dejó plasmada esa norma de la física en el libro que es considerado el más influyente, el más completo, el más revolucionario hasta la fecha. El prólogo de ese inmortal volumen sí es un poema. Y fue escrito por el astrónomo más reconocido de su época. Quien decidió utilizar el lenguaje poético para hacer la presentación al mundo de la magna obra.
Sabemos también que el arte y la ciencia son actividades humanas hijas de la imaginación, de la creatividad, de la libertad. Vaya pues una pequeña gran muestra de esto.
“La fuerza de atracción entre dos cuerpos es directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa”.
Sí, suena a poesía. Sí, es la Ley de Gravitación Universal. Sí, es Isaac Newton. Sí, está en “Principios matemáticos de filosofía natural”.
Las frases finales del mencionado prólogo escrito por Edmond Halley –sí, el del cometa famoso- terminan de decirlo todo:
…”Ya podemos manejar las leyes superiores del Universo
y ya se abren los ocultos misterios de la oscura Tierra,
el orden inmóvil de las cosas y los secretos
que ocultaron los siglos pasados.
Vosotros, los que gozáis del néctar celeste,
celebrad conmigo a quien tales cosas nos muestra.
A Newton, que abre el cerrado cofre de la verdad.
A Newton, amado de las musas, en cuyo limpio pecho
habita Febo, de cuya mente se apoderó con todo su numen.
Pues no está permitido a ningún otro mortal tocar más de cerca a los dioses”.

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